Estímulos fiscales con financiamiento monetario

Victor Raúl Benítez González
@victoraulb
Club de Ideas

Tengo una idea. Se refiere a mi preocupación sobre la polarización que existe con relación a la eventual emisión de deuda, de nuevo, para fondear la reactivación económica. El gobierno está siendo acorralado por la pandemia económica. La que se la veía venir. Lo dijo el PAM de la ONU: La pandemia subsiguiente será la del hambre. Y el Paraguay puede tener la vacuna, alimentos. Pero todo depende de la política. Ciudad del Este ya pasó el mensaje. Y el financiamiento de la reactivación es el tema del momento.

Estímulos Fiscales

Los estímulos fiscales en este corto plazo, en términos de gastos del gobierno para encarar la recesión – que fue generada por el mismo estado como política pública intencional, una medida de salud pública – pueden ser de tres tipos:

  1. Estímulos fiscales financiados por medio de la deuda.
  2. Estímulos fiscales financiados por medio de los impuestos.
  3. Estímulos fiscales financiados por medio de la política monetaria.

La deuda

La deuda está llegando a una insostenibilidad que no es tanto económica, como también política. Se está pasando la barrera del 30 % en la relación deuda/PIB. La opinión pública no está para oír de más endeudamientos. Peor aún con la mala gestión gerencial del gobierno en materia del manejo de los recursos obtenidos con la primera autorización de 1.600 millones de dólares

Faltó un choque de gestión más profesional en la salud. La UOC – Unidad Operativa de Compras del MSPBS no cuenta con la confianza ciudadana con la que sí cuenta la del MOPC, que convirtió al país en un verdadero cantero de obras. Es la reputación de cada secretario de estado y de su equipo. A la opinión pública, que no entiende mucho de economía, le suena mal la palabra deuda, más aún cuando la infraestructura de salud no pudo ser fortalecida. Se hizo un paquete de más rutas, puentes y defensas costeras, antes que hospitales – en estos tres meses pandémicos. Eso genera capilaridad geográfica en la generación de empleo, y las obras que quedan son de propiedad colectiva, de toda la sociedad. Los políticos, en especial los opositores, y muchos pertenecientes al propio partido del gobierno, en el legislativo, no van a aprobar más emisión de deuda soberana.

Los impuestos

En plena recesión, con ventas en baja, los impuestos caen. Además, con pésimo humor social, empresarial y laboral, los políticos deben entender que la palabra impuestos huele a gases lacrimógenos y suena a ambulancias. Los conflictos sociales y los grandes cambios políticos siempre fueron por motivos de impuestos. Desde el 4 de Julio norteamericano hasta el grito de Ipiranga sudamericano. No existe ninguna posibilidad, por el momento, de subir las tasas. No era posible sin pandemia, por aquello de la mala calidad del gasto que ya había deslegitimado las recaudaciones, desde mucho tiempo atrás. Ya en el gobierno del 2013, cuando se agudizaron los problemas de confianza en el contrato social, se entró en déficit fiscal y se saltó 4 mil millones en la deuda externa, luego de haber tenido 2,2 mil millones de saldo de deuda externa, en promedio, por más de casi una década. Ahora, con crisis y caos, poder disminuir la evasión o pillar la elusión, es una ¨misión imposible¨. Como dijera Ghandi, ¨la política sin principios y la economía sin moral¨ son las fuentes de destrucción de la sociedad.

La moneda

La política monetaria tiene dos funciones. Evitar la inflación y fomentar el empleo. Nos hemos enfocado mucho en la primera y se tuvo éxito. Pero nos hemos olvidado de la segunda. Ahora es el momento del empleo.  Con la actual crisis recesiva, que viene por el lado de la supresión deliberada por parte del Estado de horas de producción (cuarentena dinámica), y luego (de horas) de consumo, el origen es por el lado de la oferta. Por lo tanto, sin pleno empleo, habría que ver si la inflación es una amenaza real.

Según los estudios de ¨Basanomics¨, publicados en la conferencia del pasado miércoles 29 de julio, desde que se inició la pandemia la expansión monetaria fue del 30 % y sus pronósticos de inflación son de apenas 2 % para el 2020. Por lo tanto, ¿dónde está la inflación? Con una oferta golpeada, todo lo que se expande en masa monetaria se convierte de inmediato en bienes y servicios, ingresos y consumo. Hay voracidad productiva porque estamos muy por debajo del pleno empleo.  Y hay asimetría de información lo que hace que el mercado financiero tenga ineficiencia operacional, si no, apetito exagerado de riesgo.

La cuarentena dinámica es tan dificultosa, de frenos y aceleradas intermitentes, lo que exige que apenas el Estado da alguna señal de largada – como no se sabe cuándo se vuelve a fases anteriores – los actores productivos, sobre todo en sectores ganadores como alimentos, medicamentos y productos de limpieza, cuando pueden, produzcan y vendan a toda máquina.

No hay tiempo ni ánimo social para subir los precios. La cuestión es producir y vender, aunque sea al costo, para generar caja, pagar salarios y proveedores. Y así sobrevivir.  Los alquileres están bajando, las renegociaciones de salarios a la baja, si no las rescisiones laborales, son diarias, y los costos de producción están y estarán controlados. Además, no hay mucha demanda como para querer especular con los precios. Las ofertas de productos nacen por doquier. Por otro lado, en el Paraguay, la inflación no es culpa total del dinero fiduciario. País que importa todo, tiene otros costos inflacionarios, como es el dólar y los combustibles. El primero está al alta y el segundo está y debería seguir estando, a la baja.

Hoy en día la base monetaria es, en guaraníes, el equivalente a 3,3 mil millones de dólares. Las reservas monetarias internacionales ascienden a aproximadamente 10 mil millones de dólares. Es decir, una relación de 3 a 1. Si se subiera a 6 mil millones de dólares, en guaraníes, como receta excepcional puntual, para un tiempo prudencial, escenario sin precedentes, el Estado podrá gastar en salud para salvar vidas, invertir en más obras públicas muy específicas para generar empleo, y podrá por medio del Tesoro Nacional, fondear a las empresas privadas que no están recibiendo dinero del mercado financiero, por miedo al futuro. No hay por qué preocuparse. No habrá inflación.

Además, la confianza de los paraguayos y los inversores extranjeros en el guaraní hace que los depósitos en el sistema financiero sean: 60% en Gs. Vs. 40 % en Us$. Nada mal. Larga vida al guaraní. Hay futuro. Hoy no hay ningún peligro de inflación. Y si lo hubiera, hay suficiente espacio para que las LRM actúen para esterilizar el circulante. Los bonos del BCP siempre fueron muy atractivos para los banqueros, quienes ganaron millones de dólares, pagados con dinero nuevo, durante los últimos años. Nada mal. Así, el sector productivo paraguayo, siempre compitió contra el BCP, ante los bancos privados, para llevar dinero por medio de créditos, a la corriente productiva para general empleo y renta, versus llevar dinero al BCP para esterilizar agregados monetarios y controlar la inflación.  La tasa de las LRMs llegó hasta el 6 %. Y los banqueros preferían al BCP antes que a los empresarios. La política siempre favoreció, seguramente por millones de razones, a la inflación antes que al empleo. ¿Alguien sabe cómo se pagaba el costo de la política monetaria? Hasta ahí podemos decir.

Finalmente

El uso de medidas heterodoxas lanzadas la semana pasada por mi colega Sergio Sapena Pastor, hizo que algunos economistas que nunca trabajaron en el sector privado, lo crucificaran. Dijeron que nunca debió haberse recibido de economista. Yo quiero reivindicarlo. Porque el horno no está para bollos. Financiar parte de la reactivación con política monetaria expansiva, mientras esperamos la inversión nacional e internacional (anunciada incluso por Trump), no será bien vista, y es considerada como herejía por los economistas ortodoxos del Paraguay que estudiaron en EEUU.

Los mismos cuyos profesores les recomiendan descaradamente que no deben expandir nunca la base monetaria por temor a la inflación, luego de que ellos multiplicaron por cinco el tamaño del balance de la Reserva Federal (del Banco Central Europeo y del Banco del Japón), donde muchos maestros universitarios también trabajan.

Un colapso económico con explosión social y riesgo político es un escenario pandémico sin precedentes que sólo puede ser enfrentado con recetas sin precedentes. El Tesoro Nacional debe ayudar con fondos directamente, en forma temporal y puntual, a las empresas privadas. Incluyendo Pymes. No es una propuesta descabellada. Gente que erró en la mayoría de las últimas crisis, y que ni pudo prever la del 2007/2008, no tiene mucha autoridad como para desautorizar nuevas recetas.

El Paraguay desoyó a la organización internacional OMS e hizo la cuarentena exitosa que salvó vidas desde el 11 de marzo. Una disminución de los impuestos con un aumento del gasto público, incluyendo estímulos al sector privado con compra de bonos o créditos con financiamiento monetario, tiene multiplicadores mucho mayores que un estímulo fiscal financiado con deuda. De lejos. La cuestión es animarse. Como dijo Jeff Bezos en su espectacular exposición legislativa de la semana pasada: ¨Los grandes retornos se producen al apostar en contra de la sabiduría convencional¨. Y así, ya da gusto.


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