Falta un monumento

Bronce para los políticos corruptos

Por Cristian Nielsen

Alguna vez, en algún lugar emblemático –que podría ser Caaguazú- se debería erigir un monumento al político corrupto. Sugiero el siguiente diseño: un señor de traje, con mirada perdida en el horizonte, se hace el distraído mientras otro señor de traje, más concentrado, le introduce un fajo de billetes –dólares, naturalmente- en un bolsillo.

Es una idea, nada más. Los artistas son capaces de propuestas mucho más creativas y sangrientas que la que acabo de describir. ¿La razón? “Gracias” a un montón de políticos sinvergüenzas, el algodón dejó de ser un rubro de renta para pequeños agricultores desde fines de los años ’90.

¿Cómo? ¿Celebrar una quiebra, la ruina de miles de pequeños productores? No, la transformación. Tomo como ejemplo Caaguazú, aunque lo mismo serían San Pedro o Ñeembucú. Todos cayeron en cascada con la crisis de los ’90 fogoneada por la política bastarda, con quiebra de desmotadoras y bajos precios.

De 220.000 productores que generaban 300.000 toneladas de algodón en rama, hoy no quedan ni sombras. ¿Qué se hizo de toda esa gente? Muchos emigraron a las ciudades, otros se sostienen con rubros diversos al tiempo que un número creciente va entrando a la cadena de valor de la soja, con siembra directa, rotación de cultivos e incorporación de biotecnología.

En la campaña 2019-2020, una de cada cuatro hectáreas de soja fue cultivada por ex algodoneros. En la ciudad de Enterprise, Alabama (EE.UU.) hay un monumento al gorgojo, bicho que casi acaba con el algodón en ese país. Al pie dice: “Con profundo agradecimiento al gorgojo del algodón, heraldo de prosperidad”. Gracias a él, los “farmers” dejaron el algodón y se volcaron al maní, del cual hoy son productores mundiales.
Lo dicho, una idea, nada más.


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