La (in) eficiencia de los mercados

Victor Raúl Benítez González
@victoraulb
Club de Ideas

Tengo una idea. El mercado todavía no llegó al Paraguay. Es una hipótesis que la queremos comprobar. Para fundamentar esta sentencia, es necesario recurrir a cuatro aseveraciones científicas, que compiten en el mundo de las ideas, y se complementan entre sí. Tienen relación con la supuesta maximización de beneficios y el comportamiento racional de los actores, que se suele atribuir a los mercados.

LAS TEORÍAS CANÓNICAS DEL MERCADO

En primer lugar, Milton Friedman, el teólogo de los mercados de la Universidad de Chicago, quien afirma que: ¨Tanto en el sistema económico como en el sistema político hay mercados¨. En ambos, hay seres egoistas buscando el máximo de los beneficios. El sistema de precios, funcionando eficientemente, con transparencia, puede ponerles límites a estas disfuncionalidades de la avaricia humana. El arbitraje ganancioso y exagerado es restringido por la democracia participativa y la competencia económica.

En segundo lugar, Eugene Fama: ¨Los mercados son eficientes, cuando toda la información está en el precio¨. Este es un axioma de la economía y de las finanzas comportamentales, que fue enunciado por Fama en 1998, en su célebre artículo ¨Market Efficiency, Long Term Performance and Behaviorial Finance¨.

En tercer lugar, se le contrapone Richard Thaler. El Premio Nobel que al ser galardonado prometió gastar su dinero ¨lo más irracionalmente posible¨. Este economista afirma que la información no siempre es totalmente transparente. La gente no toma decisiones racionales, además de la opacidad expuesta más arriba, por falta de autocontrol. El profesor Thaler asegura que, posiblemente por eso, ¨hay sesgos comportamentales en forma de discrepancias entre la teoría del comportamiento racional, que busca maximizar beneficios, y lo que finalmente ocurre¨.  Esto hace que no funcione el mercado como debería ser, lo que impide que los jugadores del mercado obtengan el beneficio esperado, o incluso salgan perdiendo. Tanto políticos, electores, compradores y vendedores.

En cuarto lugar, John Nash y su equilibrio del miedo. El de la teoría de los juegos. El de la mejor decisión individual que es la peor grupal.  Muy oportuno en estos momentos de estrés pandémico. Él afirma que el mercado funcionaría en equilibrio, lo ideal, si todos los jugadores tienen una estrategia y todos conocen las estrategias de los demás. Hay total transparencia. Toda la información está disponible para todos, y nadie puede obtener ventaja sobre el otro, a no ser que él también comience a perder.

EL RIESGO DEL MARXISMO O LA AMENAZA DEL MERCADO

En otras palabras, si existen mercados tanto en el sistema político como en el sistema económico, y los principios canónicos se cumplieran, nadie debería poder obtener un provecho exagerado a costa del otro, sea en el voto o sea en el precio.

Han surgido en los últimos tiempos algunas leyendas urbanas que dicen que el marxismo es un riesgo para el Paraguay. Hasta le dieron un programa de TV donde la señora que conducía, por la calidad de su pensamiento critico y la competencia con la que articulaba sus ideas, parecía que no terminó la primaria.

El mercado político produce bienes públicos: educación, salud, justicia, seguridad,  energía e incluso, cemento (¿?), entre otros. El mercado económico produce bienes y servicios privados: alimentos, vivienda, internet, servicios financieros, ropas y tiendas supermercadistas, etcétera. No olvidemos, en ambos mercados hay hombres egoístas y avaros que se quieren aprovechar de las asimetrías de información e ineficiencias operacionales del mercado, en beneficio propio. Lo que la gente debe entender es que, si el mercado funcionara con eficiencia, el precio sería el del equilibrio, y nadie podría dar rienda suelta a sus pasiones desenfrenadas, como para aprovecharse del prójimo, que también participa del mercado, a no ser que corra el riesgo de comenzar también a perder.

Si observamos cómo funcionan el mercado político y el mercado económico en el Paraguay, no es el marxismo potencial la principal amenaza.  Lo que falta es mercado. Y la principal amenaza para quienes se benefician de ello es que que el ¨mercado¨ pueda llegar a existir. La falta de mercado no es un riesgo atribuible al socialismo. Es una cruda realidad que no depende de que un Maduro llegue a influenciar en las próximas elecciones. Sin socialismo, de hecho, el mercado no está funcionando.

VALOR FUNDAMENTAL VERSUS PRECIO NEGOCIADO

Si los mercados fueran eficientes, los precios en los supermercados, los intereses bancarios y las tarifas de operadoras de celular e internet, tenderían a la baja.

Si los mercados fueran eficientes, mucha gente iría a votar, demandando políticas públicas enfocadas en el bien común, y habría una oferta abundante de ¨buenos¨ candidatos compitiendo entre sí.  El Paraguay no estaría siendo gobernado por las decisiones de la minoría. Es decir, por los candidatos escogidos por el 20 % de los afiliados a los partidos, que votó en las internas, que luego son elegidos por, apenas, el 50 % de partipación en las nacionales. En otras palabras, alrededor del un 10% indefinido, del universo total de electores, determina el destino del país.  El mercado democrático con buenos candidatos y la participación entusiasta de la gente en todas las elecciones, ya habría eliminado el modelo lista uno de punta a punta.

La diferencia entre el ¨valor fundamental¨ de algo versus el valor al cual se lo está negociando en el mercado, por lo general sobrepreciado, es el origen de todos los males. Uno puede estar haciendo un mal negocio.

CONCLUSIÓN

La falta de transparencia y la asimetría de información conspiran contra la eficiencia de los mercados. Y hace que algunos obtengan ganancias desmesuradas. Sea en el mercado político o sea en el mercado económico. Las ganancias en ambos mercados son prioritariamente económicas. Ya casi no existen políticos que buscan el servicio a los ciudadanos, el prestigio social o la honra merecida, por el buen manejo de la cosa pública. Los políticos recaudan poco porque gastan mal y los empresarios ven a los impuestos deslegitimados, precisamente, por la mala calidad del gasto público. En consecuencia, la deuda pública trepa exponencialmente año tras año, para compensar la falta de confianza en el sistema político por parte del sistema económico.  Un círculo vicioso por la inexistencia de mercados eficientes en ambos sistemas. El costo es social, la mala calidad de vida de la gente. Peor aún en tiempos pandémicos.

La mayoría de los políticos y algunos empresarios inescrupulosos, ganan mucho con la diferencia entre el precio que reciben versus el ¨valor fundamental¨ que ellos representan.

Cuando lleguen las elecciones, o llegue la cuenta inentendible de una operadora de telecomunicaciones, o cuando deba pagar los intereses y cargos por N razones de una financiera, recuerde el axioma de Fama: ¨Los mercados son eficientes cuando toda la información está en el precio¨. No pague de más por algo que vale menos. Y no sea irracional a la hora de escoger. Puede ser un político que no explica de donde salió su fortuna o puede ser la factura de internet. Y así, dará gusto.

 


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