Mientras los bosques se desangran…

Existen decenas de organizaciones destinadas a vigilar y encabezar la lucha contra el contrabando, una actividad tan antigua como el Paraguay mismo. Una de las formas más voluminosas e imposibles de disimular es el tráfico de rollos de maderas preciosas, que hasta los años ’60 y aún ’70 del siglo pasado era una industria muy rentable para las roscas mafioso-políticas que lo practicaban con dedicación y absoluta impunidad.

Pero mientras otras industrias hermanas como la marihuana, los cigarrillos, el tráfico de personas y el lavado de activos se fortalecieron y prosperaron, el rollotráfico fue en caída simplemente porque los montes que los proveían desaparecieron. Hoy, el contrabando de especies maderables es residual, con montes en extinción
pero sin por ello dejar de ser rentable para quienes lo practican.

Hoy, tal como lo fue siempre, el mercado principal de madera contrabandeada es Brasil. El INFONA se jacta de haber capturado en setiembre pasado un total de 30.000 toneladas por valor de US$ 5 millones. Esto significa que los contrabandistas roban y venden en Brasil cada tonelada a US$ 166, un negocio redondo para ellos (costo casi cero) pero pésimo para el país. La comparación es abismal. La tonelada de madera aserrada exportada se valora en US$ 350 mientras que las manufacturas se colocan a un valor promedio de US$ 1.240 la tonelada (US$ 1.800 a 2.700 si es parquet, muebles enteros o sus partes).

Esta es la realidad que agobia a un rubro tradicional del Paraguay que, sin embargo, es apenas una sombra de lo que fue en el pasado. Como se vé, seguimos con los mismos condicionantes de siempre: abundancia de instituciones “anti contrabando”, exceso de legislación… pero cero acción.

La misma cantilena de siempre y la misma corrupción. Hasta que los montes terminen de morirse.


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