Pienso bien, luego existo mejor

Stephanie Hoeckle 
Directora de Oui Oui 
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Iba presurosa en el auto camino a realizar un trámite, con los ojos clavados en el tráfico que ya empieza a ser el de antes, cuando uno de ellos (ambos sería una imprudencia) posó su atención en un cartel de la vía pública. “Del home office al office home” se leía en lo alto de un edificio que probablemente era de oficinas corporativas. No se preocupen, no voy a pasarles ningún chivo, la frase tan solo me hizo pensar en esa otra forma de ver las cosas que tanto necesitamos a la hora de retomar nuestras actividades y emprendimientos.

¿Qué buenas prácticas de trabajar en el hogar podemos trasladar a la oficina, a medida que se van liberando las restricciones de la cuarentena? A la par que evitamos los contagios del coronavirus, al quedarnos en casa aprendimos a sacarle provecho al teletrabajo, la flexibilización de los horarios, las videoconferencias, las redes sociales como plataformas accesibles de comunicación y la higiene como la mejor medida de prevención. Pero ahora hay que salir nuevamente con los debidos cuidados y con el bagaje de nuevas experiencias positivas adquiridas. Destaco la palabra “positivas”, porque creo que necesitamos hacer un esfuerzo para verlas y valorarlas, porque las hay, y no debemos dejarnos llevar por el pesimismo.

Pensamientos negativos

Dice el libro Viaja conmigo a Ítaca (Julio Marco) que un pensamiento negativo de tan solo un minuto puede alterar el sistema inmunitario durante seis horas, lesionar la memoria y el aprendizaje, y alterar la capacidad intelectual. Lamentablemente, muchos de nuestros pensamientos son negativos.

Como si eso fuera poco, hace unos años que se escucha hablar de la epigenética (epi significa “por encima”, es decir más allá de la genética), que estudia cómo algunos genes pueden modificarse en función del entorno que les rodea. Se cree que los factores ambientales (la alimentación, el estilo de vida, el estrés, etcétera) no solo pueden alterar nuestra salud, sino la de nuestros descendientes. Por ejemplo, el tabaquismo puede hacer que en tus hijos y otras generaciones se activen genes que favorezcan problemas de salud y se desactiven aquellos que faciliten la longevidad.

Aunque el tema es bastante complejo, lo claro para mí es que con toda la carga de estrés que ha generado la pandemia de la COVID-19, no podemos seguir adelante sin intentar gestionar nuestros pensamientos negativos. Por nuestra salud y la de los demás, es el momento de dejar de lado la pose de Drama Queen y poner empeño en el trabajo y en sentirnos bien.

Pensamientos positivos

Para que los pensamientos positivos se conviertan en un hábito, es necesario invertir tiempo y voluntad. Dicen los entendidos que un primer paso es ser conscientes de nuestro lenguaje corporal. “¿Llevo más tiempo con el ceño fruncido o con una sonrisa?, ¿qué transmito conversando con los brazos cruzados?” son algunas preguntas que podemos hacernos a diario frente al espejo.

Otra manera de transformar los pensamientos negativos en positivos es relacionarnos con gente saludable. Cuando “estoy bajón”, como dicen los chicos, una buena amiga es capaz de hacerme ver el lado positivo de las cosas o de analizarlas desde otro punto de vista.

Un minuto de desconexión también es una buena estrategia. Eso no necesariamente quiere decir meditar en el escritorio si estamos trabajando, pero sí recurrir a algo que nos ayude a dejar de lado ese pensamiento negativo. A algunos les funciona, por ejemplo, recordar una frase alentadora que transmita buena energía, escuchar una canción o hacer una corta caminata.

Para cosechar pensamientos positivos también tenemos que generar un ambiente agradable donde cultivarlos. Si en casa logramos trabajar cómodas, tratemos de incorporar a la oficina (siempre que sea posible) lo que nos hace sentir bien. En un reciente IG Live una coach recomendaba, con un poco de humor, que en esta cuarentena nos demos el permiso de estar en piyama todo el tiempo que queramos y si tenemos ganas de ir a trabajar así, ¡manos al piyama! Yo no llegaría a ese extremo, aunque reconozco que no estoy cómoda sin la compañía de una foto de mis hijos, mi taza favorita, la lapicera de la marca que me gusta y una plantita que me transmite buena vibra.

Siguiendo con las prácticas saludables, si en esta cuarentena ya nos acostumbramos a una rutina de ejercicios de una app, no hay porqué quedarse quieta en la oficina. El standing up (trabajar de pie), al menos por unas horas y para determinadas tareas, se está poniendo de moda, así que apuntemos sus beneficios: reduce los dolores de espalda, nos mantiene más activas y fomenta la creatividad. No olvidemos otros tips que ya conocemos: tomar agua suficiente, alimentarse bien, dormir las horas necesarias, disminuir la luz azul de los dispositivos electrónicos y evitar estar hiperconectadas. Con el permiso de Descartes, juego con sus palabras para sugerir: “Pienso bien, luego existo mejor”.


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