Romney cambia de postura a una más moderada

Las últimas semanas de la campaña presidencial traen de vuelta a Mitt Romney a una pregunta que lo ha movido durante casi dos décadas: ¿en qué es lo que realmente cree?

Aunque se declaró “seriamente conservador” en las primarias republicanas, el exgobernador de Massachusetts ha sonado más moderado en los últimos días.

Puede haber debate acerca de si las posturas de Romney están cambiando. Pero el énfasis y el tono con el que los describe sin duda han cambiado.

El martes, el candidato, quien en repetidas ocasiones prometió que iba a ser “un presidente pro vida”, comentó al diario Des Moines Register: “No estoy familiarizado con ninguna ley con respecto al aborto que pudiera formar parte de mi agenda”.

En una entrevista con ABC News, el presidente Obama indicó que el comentario era “un ejemplo más de las posturas ocultas con las que el gobernador Romney ha hecho campaña desde hace un año y medio”.

Lo que queda por ver es qué Romney será considerado como el verdadero por los votantes. ¿Considerarán su flexibilidad como la evidencia preocupante de que carece de principios o como una señal tranquilizadora que no gobernaría como un ideólogo?

En un mitin en Las Vegas, el expresidente Bill Clinton se burló de los cambios de Romney, al afirmar que éstos fueron evidentes en el debate presidencial de la semana pasada.

“Tuve una reacción diferente acerca de aquel debate a diferencia de mucha gente. Yo pensé: ‘Wow, éste es el viejo y moderado Mitt. ¿Dónde has estado, muchacho? Te he echado muchos de menos estos últimos dos años’”.

Por supuesto, un cambio de postura en la segunda mitad del juego es un maniobra de larga tradición en el libro de jugadas político. En una campaña de las primarias, un candidato debe jugar de acuerdo con las pasiones de la base del partido y, mientras se mueve hacia la elección general, la sensibilidad de los votantes indecisos se vuelve vital.

Pero Romney no empezó a hacer esos movimientos sino hasta poco antes del primer debate, cuando las encuestas sugerían que la victoria podría escaparse de su alcance.


El Economista, México – RIPE 

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