BM: América Latina ha pasado de ser deudor neto a acreedor neto

La exposición de Latino­américa y el Caribe (LAC) a choques externos no es independiente del patrón de crecimiento basado en la demanda interna que se observa en la región, dice el Banco Mundial en su informe titulado “Fi­nanciación externa en América Latina: ¿razones de zozobra?”, presentado en Washington el 9 de abril último en el marco de las reuniones de pri­mavera del FMI.

 

Como hemos comenta­do en otros informes de esta serie, dijo Augusto de la Torre, economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, transformó los fuertes vientos a favor de los años 2000 (altos pre­cios de materias primas y financiación externa barata) en una dinámica de crecimiento de su de­manda interna (consumo e inversión). Este mo­delo, que contrasta con el modelo de demanda externa que se observa en el este asiático, ayuda a entender por qué los superávits de la cuenta corriente observados a mediados de la primera década del nuevo mile­nio duraron poco y revir­tieron en déficit hacia el año 2007, incluso antes del comienzo de la crisis global. La otra cara de la moneda de estos déficit de cuenta corriente es la baja tasa de ahorro de la región y, por ende, su sistemática tendencia a depender del ahorro ex­terno.

Lo cierto es que, a pesar de la necesidad crónica de financiar sus déficit externos, hoy por hoy LAC está mejor capacita­da para proteger la acti­vidad económica local y el empleo de los choques externos debido, al me­nos, a dos razones.

 

 En primer lugar, la exposi­ción a los choques exter­nos, una consecuencia natural de la integración de LAC en los merca­dos internacionales, no tiene que traducirse en vulnerabilidad. A pe­sar de haber aumentado su exposición y en vivo contraste con los años 80 y 90, muchos países de la región han reducido su vulnerabilidad en las últimas décadas gracias al refuerzo de sus sis­temas macrofinanciero inmunológicos. Los ca­nales de amplificación monetarios, fiscales y financieros del pasado, que convertían choques externos en crisis nacio­nales, se han transfor­mado, en muchos casos, en amortiguadores de choques.

 

Esto es cierto hasta el punto que se espera que los países de LAC con re­gímenes establecidos de metas de inflación (que representan aproxima­damente el 75 por ciento del PIB y de la población de la región) experimen­ten fluctuaciones cíclicas en el futuro más pareci­das a la coyuntura típica de los países avanzados, en lugar de los ciclos de auge y decadencia típicos del pasado de América Latina. Está claro que los amortiguadores en la re­gión, especialmente los fiscales, son más débiles ahora en comparación con lo que fueron en se­tiembre del 2008 cuando comenzó la crisis global.

 

No obstante, muchos de los países medianos y grandes de la región mantienen márgenes para implementar polí­ticas monetarias contra-cíclicas (es decir, bajando los tipos de interés y per­mitiendo que se deprecie la moneda sin conse­cuencias inflacionarias o financieras adversas), si bien es cierto existen diferencias en su capa­cidad para llevar a cabo estas políticas. Lamen­tablemente, un número importante de países en la región –especialmen­te en Centroamérica y el Caribe– están altamente expuestos y son vulne­rables a los choques ex­ternos, dado que carecen de capacidad monetaria o fiscal para responder con políticas contra cíclicas.

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