Toda dictadura recibe su castigo

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Tarde o temprano, los intentos de perpetuación en el poder reciben una respuesta contundente del pueblo. Hoy, con las redes sociales, los portales multimediáticos interacti­vos y la convergencia tecnológica en los dispositivos mó­viles, esos tiempos de reacción se reducen dramáticamen­te. Un ejemplo fulgurante acaba de ocurrir en Venezuela, desdichado país sudamericano castigado por uno de los in­tentos de dictadura más torpes de que se tenga memoria en América Latina, que sabe mucho de autocracias y tiranías. Cuando el actual “gobernante” de Venezuela, siguiendo un estricto programa de represión de la protesta puesto en marcha por Hugo Chávez, destituyó sumariamente y encar­celó a los alcaldes opositores Daniel Ceballos y Enzo Scara­no, no podría haber imaginado en su soberbia la respuesta popular. Y esa respuesta fue un brutal “golpe de urnas” cuando las esposas de ambos encarcelados se lanzaron a la palestra electoral y recuperaron ambas alcaldías por un 74% de los votos en el primer caso y un 88% en el segundo. Este hecho le dice a las claras a Nico­lás Maduro que debe aprender a escuchar al pueblo y que ese pueblo no teme sus brutales métodos de represión median­te una guardia na­cional convertida en policía política, con gente encarcelada en unidades milita­res mientras gobier­na por decreto ley como en los peores días de los estados fascistas o comunistas.

Pero al parecer, Maduro no está dispuesto a dejarse im­presionar. Tras reconocer la victoria de ambas candidatas –no le quedaba otra posibilidad ante la rotunda derrota del PSUV oficialista- lanzó esta advertencia: “Si se vuelven locos y empiezan a quemar el municipio otra vez, actuarán las autoridades’’. Es dable esperar, ante tan clara y direc­ta amenaza, que vuelvan a circular los llamados “colecti­vos” que consisten en bandas de civiles armados en moto que recorren la protesta instalada hace ya más de un año en Venezuela, para infiltrarla y atribuirle actos violentos y vandálicos. Es decir, la excusa que necesita Maduro para desatar sus mecanismos punitivos y de represión.

El modelo de Gobierno actual de Venezuela es insostenible en su método de intimidación permanente a la ciudada­nía y concentración de poder en una sola persona. Se tor­na también inviable en lo económico, con inmensas deu­das impagas, tanto interna como internacionalmente, así como escasez y racionamiento de cosas tan elementales como el agua potable y los productos de primera necesi­dad. Por lo demás, su “llamado al diálogo” ha recibido de la oposición una firme postura: “Primero libere a los pre­sos políticos, saque de las calles a sus bandas de forajidos armados y deje de utilizar a la Guardia Nacional como ins­trumento de represión. Después no sentamos a hablar”. Y como corolario, la gesta electoral en las alcaldías de San Cristóbal y San Diego, un bofetón que Maduro no vio venir. Les ocurre a todos los dictadores obnubilados por el poder.

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