Ya no somos más un país pequeño

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 Luigi Picollo

Director del Club de ejecutivos del Paraguay

Desde el final de la guerra de la Triple Alianza fuimos abandonados como un país pequeño que ya no valía la pena destruir más. Diezmados por la contienda, apretados entre dos potencias en condiciones de mediterraneidad, nuestro desarrollo enfrentó muchas dificultades.

Los tratados bilaterales con los países vecinos, a menudo fueron desfavorables a nuestro país y, asimismo, no siempre respetados. La falta de acceso al mar y la constante dificultad de nuestra libre navegación de los ríos complican nuestra competitividad.  

Es cierto que nos fueron otorgadas algunas concesiones como “país de menor desarrollo relativo”, las cuales poco nos dejaron aprovechar. Hasta fuimos injustamente excluidos del Mercosur cuando empezamos a molestar los intereses de las grandes potencias subregionales.

Nuestros grandes vecinos continúan conspirando contra nosotros cuando les conviene. Pero aún siendo un país pequeño hemos conseguido logros importantes. Alcanzamos una democracia plena, a pesar de pasar por un parto difícil que trajo como consecuencia algunas exageraciones y supuesta falta de confiabilidad, que la hemos eliminado inmediatamente.

Los grandes tuvieron miedo del ejemplo democrático rápido y certero que dio el Paraguay en el 2012.  Tenemos los mismos problemas endémicos que los grandes vecinos. Pero los estamos resolviendo mucho más rápidamente como la marcada desigualdad social y la pobreza extrema.

A diferencia de los demás, sabemos proteger el agro-negocio y nos comportamos como un gobierno de derecha, cuando la gran mayoría ha elegido gobiernos de izquierda que desincentivan los negocios en el campo.   Somos como el competidor que arrancó más atrás, pero ahora es el que ha adquirido más impulso en la carrera.

Nuestra calificación de riesgo contiene mejores expectativas, mantenemos una mayor capacidad de endeudamiento no utilizado y venimos sosteniendo una estabilidad monetaria envidiada por nuestros vecinos. Nuestras reservas monetarias alcanzan límites históricos. La facilidad con la cual son colocados nuestros bonos soberanos denota una creciente confianza internacional en nuestra economía, que es el fruto del trabajo de todos nosotros.  

Ofrecemos un mercado interno con un mayor número de oportunidades inexploradas. La evidencia es que los empresarios de países cercanos están invirtiendo en Paraguay y dejando de invertir en su país de origen.

 En la economía el capital vota invirtiendo, y estamos captando los votos que antes sufragaban en otros países. Los votos que Dilma quería están viniendo al Paraguay. El precio de la tierra, sea urbana o rural, aumentó vertiginosamente. Nunca se habían construido simultáneamente tantos edificios residenciales, centros comerciales y obras corporativas.

Nuestros inmuebles se venden en publicaciones extranjeras… Y todo esto está redefiniendo al Paraguay como un país de oportunidades. Estamos próximos a ser dueños efectivamente  de nuestros derechos en las binacionales hidroeléctricas, lo que nos posiciona como el mayor exportador de energía sustentable, un título de nobleza en los ojos del primer mundo.  

Renovemos nuestra autoimagen y actualicemos la forma de negociar internacionalmente. Dejemos de pensar que debemos pedir concesiones o negociar desde la escasez. Pasemos sí a exigir un trato igualitario, y así negociar desde la fortaleza lo que hemos conquistado.

Estamos más sanos que los más grandes. Y eso no es fortuito, se debe a nuestro mérito propio, reconozcámonos como capaces.Esta actitud empieza en cada uno, en cómo manejamos nuestro día a día. Por ejemplo, con los extranjeros que nos visitan negociando de igual a igual, sin importar que nuestras billeteras sean desiguales.

Nuestra grandeza comienza en nuestra auto confianza como nación. Estamos más sanos que la mayoría de los países de la región. El voto de Paraguay en las Naciones Unidas vale como el de Brasil. Llegó la hora de pisar más firme a nivel internacional y de redefinir nuestro rol en el contexto de las naciones. ¡Ya no somos más un país pequeño!

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