RoDI: Un ensayo de la educación del futuro

31 ENE 2017 01:15 am
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Se llama Robot Didáctico Inalámbrico (RoDI) y es el adelantado de una herramienta multiuso para la educación del presente y del futuro. Su nacimiento se produjo en medio de las tumultuosas mutaciones del complejo mundo de la tecnología de avanzada.

Foto: Gentileza

El dispositivo levanta apenas unos siete centímetros del suelo y no debe pesar más de 50 gramos.

Es difícil imaginar que en ese cubo que mira desde dos diminutos reflectores y provisto de dos ruedas se concentre tanta tecnología. No tiene un nombre propio pero sí uno corporativo. Se llama Robot Didáctico Inalámbrico (RoDI) y es el adelantado de una herramienta multiuso para la educación del presente y del futuro. Su nacimiento se produjo en medio de las tumultuosas mutaciones del complejo mundo de la tecnología de avanzada.

RoDI está provisto de un enlace wifi que lo comunica con cualquier dispositivo, por ejemplo, un smartphone desde donde se puede interactuar con él. Entiéndase bien: no “manejarlo” sino dialogar. Tiene motricidad propia –con fuente de potencia autónoma y recargable- y dispone de sensores que le permiten detectar su entorno y actuar en consecuencia.

Quien esto escribe vio avanzar uno hacia sus pies, detenerse a unos pocos centímetros, girar, seguir avanzando, detenerse ante la pata de una silla, volver a girar y… seguir su camino. Fue inútil buscar a alguien con un control remoto maniobrando el minúsculo vagabundo electrónico. “Es autónomo, se maneja solo y toma sus propias decisiones”.

MÁS QUE UN JUEGO

Quien así hablaba era Gary Servín, ingeniero electrónico con especialización en mecatrónica por la Universidad Nacional de Asunción. Él, Mauro Gavilán y Martín Abente, llevan adelante esta iniciativa que apunta a incorporar a RoDI a los procesos educativos. Patty Escauriza, cuarta integrante del equipo, es una entusiasta difusora de este núcleo de creativos e innovadores. Este año 2017 es clave para el proyecto que tiene metas calificables de ambiciosas pero no imposibles.

Unas palabritas sobre eso de la ambición. Los poetas, filósofos, escritores y moralistas estigmatizaron el concepto de ambición como pasión desmedida y enferma por lograr cosas materiales.

Sin embargo, a la vista de lo que este cuarteto de jóvenes está buscando, preferimos las definiciones actuales de la RAE sobre el particular: “Deseo ardiente de conseguir algo… Cosa que se desea con vehemencia…”. Y para ir por esa meta, hay todo un proceso por detrás.

EL CLUB DE ROBÓTICA

Gary es un producto de la Facultad Politécnica de la UNA. Allí fundó, con otros amigos, el Club de Robótica que tenía por finalidad difundir la iniciativa y desarrollar robots con costos manejables. “Un kit Lego de robótica te podía costar en esos días más de dos millones y medio de guaraníes. Logramos reducirlo a 50 dólares”, relata Gary.

Casi nada, un décimo del kit Lego. Hasta aquí, el tema del costo. Ahora, dos preguntas esenciales a Gary y a Mauro Gavilán, que se suma a la charla. Primero, cómo definen el concepto de robot. “Un robot –enuncia Gary lo más didáctico posible- es una entidad física que puede sensar su entorno y cambiar algo por decisión propia”.

Bajo ese concepto, abunda Gary, un lavarropas podría ser un robot, algunos lo creen. “La diferencia es que una lavadora marcha sobre una programación previa. RoDI actúa sobre el terreno, detectando su entorno y actuando en consecuencia”.

Segunda pregunta: ¿Para qué es útil un robot de estas características?

HERRAMIENTA DE CONOCIMIENTO

RoDI es un auxiliar muy poderoso para lograr que el niño desarrolle su capacidad de análisis. “Es lo que se llama pensamiento computacional”, agrega Patti. La charla empieza a tener saltos vertiginosos. ¿Qué es eso?

Nos instruyen. Pensamiento Computacional se define como “el proceso por el cual un individuo, a través de habilidades propias de la computación y del pensamiento crítico, el pensamiento lateral y otros más, logra hacerle frente a problemas de distinta índole”.

En eso están hoy Mauro, Gary, Patti y Martín. No trabajan solos, sino en alianzas. Paraguay Educa compone una de ellas.

Así, han logrado insertarse en el programa “Una computadora por niño” que opera desde 2011 en Caacupé. “Logramos convertir a las computadoras XO que reciben los niños en robots, lo que entusiasmó mucho a los niños.

Trabajamos en talleres de robótica durante los cuales los niños aprenden a diseñar sus propios robots manejando un programa llamado Turtle Block. Los resultados han sido fantásticos. La motivación en los niños fue instantánea. Ellos son como esponjas que absorben conocimiento”, coinciden los tres.

RoDI tuvo un poderoso impulso mediante el programa de preaceleración para startups de la Senatics. Allí ganaron un concurso y financiación suficiente para expandir el proyecto. Por ahora son talleres de robótica en Caacupé para los cuales los niños hacen cola para entrar. “¿Se imaginan a niños que se empujan para entrar a un aula?”, relata Patti. Todo un tesoro de motivación.

Quizá para 2018 o el siguiente año, RoDI pueda ser un programa transversal a toda la malla curricular de la enseñanza primaria y secundaria en el Paraguay. “Soñar no cuesta nada” parecen decir los creadores e impulsores de RoDI.

Pueden hacerlo. Son jóvenes y tienen un propósito. El tiempo está a su favor.

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