Los sobrecostos de la mala política

“La chapuza política es muy cara” advertíamos en diciembre pasado en este mismo espacio editorial. Y señalábamos: “En el universo globalizado e hiperconectado de hoy, el más leve des­liz institucional es percibido, señalado y penalizado por todos los organismos internacionales de evaluación y convivencia”.

Pidiendo disculpas por la auto referencia, digamos que ya está, ocurrió. Y va a seguir ocurriendo si no abandonamos la vieja y recurrente práctica de burlarnos permanentemente de la Cons­titución y de maniobrar como en los antiguos tiempos en que cualquier cacique o tendotá de ocasión alineaba a la chusma po­lítica usándola como tropa de choque para el consiguiente pro­yecto de perpetuación en el poder.

Aún con todos los indicadores estrictamente económicos ma­yormente en positivo, el componente político nos está arras­trando hacia el fondo. Ocurrió con el índice Bloomberg del que dábamos referencia ayer. Si sirve para el análisis, digamos que de acuerdo a este ránking ofrecido por la agencia de evaluación financiera más pres­tigiosa del mundo, tenemos, proporcio­nalmente, más reser­vas internacionales medidas en relación al Producto Interno Bru­to que México, la mitad del desempleo de Fin­landia y menos infla­ción que Brasil. ¿Qué nos ha hecho caer, entonces, a un puesto tan bajo en el índice de riesgo? Pura y sim­plemente, el aventu­rerismo político. Com­partimos esta triste condición con otros colegas del continen­te. Veamos. Siete años después de que el hoy ex presidente Manuel Zelaya fuera sacado de su cama en me­dio de la noche y echado fuera del país por una turba subleva­da, Honduras sigue pagando las consecuencias de esta barbarie cívico-militar. No es necesario hablar mucho sobre Venezuela, que se hunde cada día un poco más en el pantano de su crisis política sin aparente salida práctica. Y en Ecuador, ya están cir­culando planillas para llamar a referéndum a fin de modificar una vez más la Constitución y permitir la reelección indefinida de Rafael Correa. Esto último nos suena muy familiar a los pa­raguayos, tanto que asusta.

El costo de cada mamarrachada política o económica se refleja de inmediato en los números. Veamos, si no, cuánto le costó a Costa Rica su ubicación en el ránking Bloomberg 2017. “El au­mento en el riesgo país desde la última colocación (de bonos soberanos) en abril de 2013 a este año fue notorio y costoso. En 2015 Costa Rica pagó un premio de 2,58%, mientras que en 2016 debió subirlo a 3,34%. Sobre US$ 1.000 millones, esto significa US$ 7,6 millones más de intereses por año, y en vez de pagar un cupón anual del 7%, se hubiese pagado uno de 6,25%…”.

Si no nos bajamos de esta costumbre consuetudinaria de pro­mover figuras “providenciales” e “irreemplazables”, estare­mos siempre al borde de algo importante pero siempre en me­dio de la nada. Si no maduramos políticamente, seguiremos siendo el eterno país de las oportunidades perdidas.

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