Política e innovación

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Son dos palabras que parecen condenadas a no verse mutuamente en el Paraguay. ¿Cuándo fue la última vez que usted, estimado lector, oyó hablar, y mucho menos leer, a un político en carrera electoral sobre innovación, ciencia y tecnología como eje principal de su hipotética gestión? Difícil, ¿verdad? El sociólogo José Carlos Rodríguez, en un análisis publicado ayer en 5días, afirma que “la Constitución no es el pacto que concilia una política sin ciudadanía y un Gobierno sin coraje para enfrentar los desafíos de la sociedad más pobre de Sudamérica… su capitalismo depredador, extractivo, rentista, patrimonialista, nada emprendedor”.
¿Cómo se sale de esta marisma sin el concurso de políticos con visión, capaces de ver más allá del horizonte y preparar al país para la siguiente ola de cambios y transformaciones? Echemos primero un vistazo al “viejo” mundo y veamos qué está haciendo en materia de innovación. Su iniciativa Horizonte 2020 se alinea alrededor de un vasto programa de inversiones para la investigación y la innovación y trabaja tres ejes: Ciencia excelente, para consolidar el liderazgo mundial de la Unión en el ámbito de la ciencia; Liderazgo industrial que asegure una corriente de innovación competitiva a escala global; Retos de la sociedad en áreas de salud, seguridad alimentaria, energía segura, transporte inteligente y sociedades inclusivas, innovadoras y seguras.
Y en el Paraguay, ¿qué estamos haciendo? En su denominado Libro Blanco editado en 2014, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología propone: “…Mediante el Desarrollo de I+D (investigación y desarrollo) y los Servicios de C&T (ciencia y tecnología), sugiere promover la Innovación Institucional para potenciar nuestra Gobernabilidad y Gobernanza; promover la Innovación Empresarial (Productiva) para incrementar la Competitividad del Paraguay en un Mercado Global; y conseguir la Apropiación Social del Conocimiento para que nuestros habitantes logren el acceso a una vida digna” (sic). Se trata de un documento de trabajo enderezado a actualizar planteos hechos hace 16 años y que “presenta los lineamientos consensuados por procedimientos democráticos a nivel nacional, necesarios para incrementar y fortalecer los procesos de innovación ya iniciados con la Política Nacional de Ciencia y Tecnología del 2002”. ¿Qué ha pasado, políticamente hablando, en estos tres lustros que se llevan produciendo enunciados y propuestas? La inversión en I+D como componente del PIB no ha superado el 0,08%, la mitad proveniente del Estado, otro tercio de las universidades mientras las empresas no han superado un misérrimo 1,7% de participación, casi nada. ¿Cómo se rompe este statu quo suicida? Con liderazgo innovador, mercancía escasa en la actual cofradía de políticos mentecatos, incapaces de asumir la tarea grande a la que debieran abocarse.

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