Rogelio Ortúzar: “Números macro no bajan a tierra”

En otras etapas de su ca­rrera se lo veía encajado en una figura de agente fiscal con una imagen que pro­yectaba un papel que casi emulaba al histórico per­sonaje “Rambo”. Pero hace un tiempo rompió los pa­radigmas al presentar una nueva apariencia personal que suscitó numerosos comentarios en torno a su peculiar estilo “hipster”. La mezcla de buen gusto y refinamiento proporcionó una amena conversación con este renombrado per­sonaje de la sociedad que desde hace 25 años se des­envuelve en la estructura judicial.

Con una sutil jovialidad y un aire parsimonioso, Ro­gelio Ortúzar nos abrió las puertas de su oficina para prestarnos una entrevista cara a cara, desde donde explicó sus posturas so­bre temas concernientes al ámbito jurídico, como el económico, además de sus propuestas en el marco de su actual postulación para presidir la Fiscalía General.

Sus primeros pasos en la arena judicial se die­ron en el 1993. Inició como dactilógrafo en el Poder Judicial, para que luego de unos años, con una carrera bien definida y afirmada, lo asignaran como fiscal en el año 2002. Este fue el inicio de la trayectoria del reconocido fiscal que estu­vo al frente de sucesos que conmocionaron al país en la primera década del siglo, como lo fueron los trági­cos casos del niño Amín Riquelme, Cecilia Cubas y entre otros. En dicha época se creó la Fiscalía Antise­cuestro y él fue el primero en integrar el grupo de res­ponsables de la dirección.

ESCALAR EN LA PROFESIÓN

“Me tocó vivir desde muy joven la realidad”, arrancó. El abogado, después de cul­minar la educación media, no escatimó esfuerzos en finalizar su carrera univer­sitaria y realizar especiali­zaciones y entrenamientos que le permitieron sumar un diferencial a su perfil que poco a poco fue sonan­do fuertemente en la esfera pública.

Hoy, como candidato a la Fiscalía General, plantea una reestructuración del Ministerio Público, aspecto que, según refiere, cuen­ta con muchas falencias y críticas que se hacen a la institución y que hay que trabajar mucho más con la gente.

Además, refiere que se dan aplicaciones erróneas del presupuesto destinado a la entidad, que absorben los verdaderos recursos que se necesitan “quienes están realmente en la calle haciendo”.

“Debemos fortalecer áreas propiamente de in­vestigación, hay fiscales que no dedican su tiempo a investigar sino a cuestiones administrativas, pudiendo hacer eso los funcionarios para esos fiscales puedan dedicarse a lo que realmen­te es el Ministerio Público, para lo cual fue creado”.

CONSENSO

El fiscal general del Es­tado es elegido por el Po­der Ejecutivo, integrantes del Senado y del Consejo de la Magistratura. Para Ortúzar, desde el estable­cimiento de la Constitu­ción, esta fue una idea muy buena, pero que se terminó desdibujando por el camino y que debería ser un órgano más técnico, integrado por un representante del Mi­nisterio Público. “Creo que también debe restringirse la cantidad de políticos”, menciona.

Otro punto que cree se debe modificar es lo que rodea a la inamovilidad del cargo del magistrado. Explica que existen me­canismos de remoción de magistrados -el jurado de enjuiciamiento-, que es la salvaguarda de que el ma­gistrado cumpla correcta­mente con sus funciones y, por otro lado, se le debe otorgar la libertad de ejecu­ción del pensamiento jurí­dico. Para él, la inamovili­dad del cargo debe aplicarse en términos estrictamente jurídicos y no bajo decisio­nes políticas que debilitan a la institución. “Si uno falló en una resolución, debe ser juzgado por personas que estén imbuidas de ese carácter legal, no por polí­ticos”, puntualiza.

DELITOS ECONÓMICOS

El día a día de un fiscal implica el roce con diver­sas situaciones que muchas veces el mismo no alcanza a abarcar. “Muchas veces uno está ensimismado en el trabajo diario, que mu­chas veces no le permite ver el entorno”, expresa. Un ejemplo que él explicó fue la impunidad en los delitos del sector privado, como una problemática que afecta fuertemente a la República en general, pero que pocas veces se enfatiza tanto por las autoridades, así como por la prensa.

Al respecto, hizo una au­tocrítica al afirmar que dentro de casos delictivos del sector empresarial, mu­chos no se acercan a plan­tear los problemas existen­tes por una desconfianza en la institución. “Eso es algo que hay que trabajar, en generar ese ambiente para que se trabaje y por eso hago una autocrítica, puede ser una falencia que se tiene por la cual ellos no se acercan”, agrega.

Respecto a la situación económica del país, dice estar de acuerdo mientras exista un equilibrio de en­deudamiento traducido en infraestructura que per­mita la modernización del país.

“No existe un Estado en el mundo que no deba re­currir a fondos para poder crecer. Cuando el Estado no está en condiciones para hacer frente a la demanda de la modernización que se requiere, se debe recu­rrir a fondos”, indica. Pero a la vez hace hincapié en que debe haber un equi­librio en las inversiones, de modo que la ciudadanía pueda sentir el crecimien­to en el vivir diario, porque “probablemente se le dé a la ciudadanía modernidad, pero no se le dé el suficiente bienestar”.

En ese marco, la macro­economía es una cuestión que “no se está bajando a tierra”, según refirió al apuntar que el crecimien­to macroeconómico no se pudo bajar a la microeco­nomía y recalcó que las po­líticas se deben encaminar hacia ese fin.

PANORAMA INCIERTO

Ortúzar afirmó que la si­tuación política actual se presenta con un panorama incierto.

Las crisis que se presen­taron, él prefiere mirarlas como oportunidades para nuevas personas y de ge­nerar debate y nuevos espacios. Sobre las cris­paciones también añadió que afectaron a la imagen del país ante los ojos del mundo y que quizá queda­mos como un Estado poco organizado y con insti­tuciones débiles. “Mucho se trabajó para lograr una imagen país y atraer in­versión, y no pienso que esté bueno generar cris­paciones innecesarias”, finaliza

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