La contribución de las empresas al desarrollo comunitario

ANÁLISIS
Mónica Alonso
mcs grupo consultor 

Entre la declaración de Milton Friedman (1962) sobre que la única res­ponsabilidad de las empresas es la de ge­nerar ingresos y la declaración de Johnson et al. (1995) de que la contribución de las empresas al desarrollo económico debe promover mejoras en la educa­ción, el alfabetismo y el desarrollo de los niños y sus familias; las empresas han venido involucrándose en diferentes modelos y niveles de gestión social.

UN ACTOR MÁS DE LA COMUNIDAD

Más allá del análisis sobre la responsabilidad social y ambiental de las em­presas, en este artículo analizamos el rol cada vez más importante que deben asumir como un actor crítico y activo de las comunidades de las que forman parte.

Tal como sugerimos en el artículo anterior, “cuando las empresas se sienten parte de la comunidad, sus estrategias empresariales, orientadas a obtener valor y agregar valor a las comunidades de las que forman parte, pueden pro­ducir cambios sociales, económicos y hasta políticos que signifiquen un im­portante proceso de desarrollo de estas comunidades”.

Sin dudas, asumir este rol, requiere de una reflexión profunda y una decisión tanto política como estratégica del negocio. En diferentes interacciones que he tenido con empresarios, siempre surgen preguntas tales como: ¿Qué gana la empresa implementando indicadores de RSE?; ¿quién me exige que haga esto?; ¿acaso hay algún estándar, un sello que se me requiera para vender mis productos y servicios? y, últimamente, ¿por qué tengo que dialogar con mis públicos de interés? En fin, estas dudas, cuestionamientos y temores, parecen reproducir la cultura de aislamiento y exclusión que venimos desarrollando y profundizando desde hace décadas. ¿Quién podría decirme hoy en día lo que significa ser buenos vecinos, formar parte activa de una comunidad?

Aunque sensibilizar y transformar a nivel empresarial sea un gran desafío, es una tarea que hay que abordarla. Un argumento común que siempre emer­ge como justificación para las empresas entre colegas es el que enunciaba Stephan Schmidheiny, “no pueden existir empresas exitosas en sociedades fracasadas”. Creo que este argumento, aunque muy cierto, ya no es suficiente. Hoy más que nunca, es importante sumar a todos los actores, trabajar a nivel local y lograr que tanto las empresas se involucren como actores clave, con poder transformador; no porque conviene, sino porque es lo que hay que hacer para que nuestra sociedad prospere en el tiempo, porque al fin y al cabo, esa “sociedad” somos nosotros mismos.

EMPRESAS, COMUNIDAD, BIENESTAR Y EQUIDAD

Existen diferentes maneras en las que las empresas pueden incidir positi­vamente en el desarrollo de las comunidades, creando valor tanto para ellas como para los distintos actores de la comunidad.

Más allá de las acciones filantrópicas, crear valor implica sostenibilidad, y muchas oportunidades aún no han exploradas por la mayoría de las empre­sas. Cuando se habla de “comunidad” la primera acción que se asocia a ella es la filantropía, pero cuando empezamos a observar y analizar quiénes son los miembros de la comunidad con la que nos vinculamos, también emergen ideas sobre cómo contribuir al desarrollo de los actores más cercanos a la co­munidad local.

¿QUIÉNES SON LOS MIEMBROS DE LA COMUNIDAD?

– Los colaboradores: no sólo componen a la comunidad laboral de la em­presa, sino que muchas veces, aún sin darnos cuenta, viven en los barrios o ciudades donde se encuentra la empresa.

– Los proveedores: aunque normalmente se los ve como “actores exter­nos”, generalmente son habitantes de la comunidad cercana. Y si no es así, existe una gran oportunidad de desarrollar nuevos proveedores en nuestras comunidades locales.

– Los clientes: dependiendo de los productos y servicios que ofrece la em­presa, los clientes pueden también ser parte de la comunidad geográfica en la que opera la empresa.

– Comunidad local: está formada por las familias que habitan en los ba­rrios y ciudades en los que opera la empresa.

¿CÓMO CONTRIBUIR A LA EQUIDAD Y AL BIENESTAR DE LA COMUNIDAD?

Utting (2007) propone cuatro iniciativas a través de las que las empresas pue­den contribuir a la equidad y bienestar de la comunidad.

  1. a) Protección social: promoviendo el bienestar de los trabajadores, tanto en el ambiente laboral, como en su desarrollo personal.
  2. b) Promoción de los derechos: creando mecanismos de concienciación e información para los colaboradores; respetando los derechos laborales; res­petando los derechos de los clientes y proveedores; identificando a grupos vulnerables en sus comunidades y promoviendo el respeto de los derechos de éstos; incentivando a clientes y proveedores a ejercer prácticas leales y justas con sus colaboradores.
  3. c) Empoderamiento: involucra no sólo el reconocimiento de los derechos sino el apoyo a grupos vulnerables para que desarrollen capacidades de defen­der sus derechos.
  4. d) Redistribución: a través de salarios justos y el ejercicio del comercio justo tanto con clientes como proveedores.

Estas son algunas iniciativas básicas que las empresas pueden implementar para contribuir al desarrollo de sus comunidades, aunque no agotan el univer­so de posibilidades, entre las que también se pueden considerar el desarrollo de proveedores locales, el diseño e implementación de productos y servicios para grupos vulnerables o que se encuentran excluidos del sistema económi­co. Todas estas iniciativas generan sin duda un gran valor social y económico para todos los actores involucrados, especialmente para la empresa.

Referencias

  • Utting, P. 2007. CSR and Equality. Third World Quarterly, 28(4):697-712
  • Johnson, J. H., Jr., Farrell, W, C., Jr. & Henderson, G. R. 1995. Mr. Porter’s “com­petitive advantage” for inner-city revitalization: Exploitation or empowerment? Review of Black Political Economy, 24(2-3); 259.
  • Friedman, M. 1962. Capitalism and freedom, Chicago, University of Chicago Press.

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