Mobbing laboral: un crimen perfecto dentro de las empresas

Lorena Barreto
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Formar parte de grupos sociales también implica estar expuestos a cualquier tipo de ataque que nos oca­sione algún daño moral o emocional, y la línea que divide a las bromas y al irrespeto puede llegar a ser muy delgada. Las empresas y organizaciones son uno de los típicos escenarios en donde se despliegan peli­grosos actores que impul­san comportamientos que tienen por objeto hostigar a víctimas específicas. En­tre tantos casos, muchos de ellos han desembocado en una terrible depresión y hasta en el suicidio.

El “mobbing” laboral o acoso moral laboral impli­ca una tortura psicológica que, según señala Jorge Méndez, psicólogo y coach, en las empresas se presenta como un crimen perfecto. “El acosador se esconde de­trás de sus víctimas frente a los jefes o superiores y va carcomiendo poco a poco la autoestima del ‘elegido’’’, explica. El desafío de lide­rar un equipo sano es de­tectar esta problemática y erradicarla rápidamente

¿CÓMO AFECTA?

El daño producido por el mobbing provoca una he­rida emocional y psíquica en la víctima denominada TEPT (Trastorno de Estrés Post Traumático), que pro­voca cambios en la amíg­dala y en el hipocampo, así como también en los siste­mas inmunes y endócrino, además de llevar al empo­brecimiento sensorial que altera el espíritu de la vícti­ma así como su morfología, según refiere. Otra conse­cuencia que señala Méndez es la no descompresión, traducida al aislamiento, con una pérdida de per­tenencia, sin la capacidad de expresar fácilmente los traumas.

“No importa si la víctima es fuerte de carácter. La violencia sistemática hace rápido su trabajo, lasti­mando y provocando una herida emocional y psíquica que en el mejor de los casos dejará una cicatriz de por vida”, señala.

¿CÓMO SABER SI NO ERES UN VICTIMARIO?

“Primero, el jefe debe preguntarse si él no es uno de los hostigadores”, res­ponde. Por eso, someterse al autoanálisis es funda­mental. Aquí una lista de prácticas que someter bajo la luz:

– El jefe no deja que la víc­tima se comunique.

– Lo interrumpe constan­temente cuando participa.

– Deja que otros compa­ñeros denoten a la víctima en su presencia.

-Se suma a las burlas de otros hacia la víctima.

– Critica su vida privada.

-Le grita o ironiza sobre los trabajos que le encarga, ignora su presencia.

– No lo saluda ni responde sus e-mails.

– Le amenaza de cualquier forma.

– No le asigna nuevas res­ponsabilidades desde hace mucho tiempo o le asigna tareas inútiles.

– Habla mal de la víctima frente a otros, o la despres­tigia.

Después de haberse au­toevaluado, es de crucial importancia detectar los principales factores que provocan este tipo de com­portamientos en un hosti­gador. Él indica en porcen­tajes que en un 30% puede provocarse por la envidia, un 25% el éxito profesional personal, 20% a no ceder a un chantaje, 15% no querer suponer una amenaza, 5% en ser diferente a los demás a 3% no querer participar, 2% mobbing maternal, según los datos del Grupo Fidelizando, empresa que dirige.

“No se debe olvidar que esta conducta se diagnos­ticará tres meses después de que se inició, pero que la víctima ya viene padecien­do este flagelo durante ese mismo período”, resalta.

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