A propósito de Stroessner

Opinión | Carlos Sebastián Ibarrola Consultor en Comunicación

El poder corrompe, el poder absoluto, corrompe absolutamente. La dictadura stronista probablemente sea uno de los ejemplos más lamentables de la historia.
La dictadura del detestable Alfredo Stroessner, quien se erigió al mismo tiempo en presidente de la República, presidente del Partido Colorado y jefe de las Fuerzas Armadas para articular su legado de oscuridad y miseria que duró 35 largos años, basándose en obras abiertamente fraudulentas y a una distribución discrecional y abusiva de los recursos del Estado para con los amigos y los socios activos del régimen. Si uno hiciera el ejercicio más básico de promediar las obras de Stroessner en una línea de tiempo, entendería el exorbitante precio que se ha pagado por una gestión absolutamente abusiva, discreta y hasta mediocre. Esto al margen de la absoluta corrupción, fraude y nepotismo en el que se desarrollaban estas obras, algunas insostenibles, otras únicamente para los amigos y, definitivamente, ninguna para el pueblo paraguayo. Un país con mano dura para los subversivos armados y peligrosos, subversivos como Herminio Giménez, peligrosos para el pensamiento como Augusto Roa Bastos, armados como José Asunción Flores, subversivos los hombres, subversivas las mujeres y subversivos los niños, un país sin cultura, un país sin educación, sin identidad.
Un país donde tenías que correr de los delincuentes y esconderte de la Policía, donde la seguridad y la inseguridad representaban al mismo concepto de miedo e impunidad. No hay en lo absoluto nada bueno que rescatar del régimen del detestable Alfredo Stroessner y quien diga lo contrario, no sabe de lo que está hablando, quien diga lo contrario, no ha hecho el ejercicio de imaginarse sin libertad, sin derechos y sin pensamiento.
A quien diga que la dictadura tuvo luces y sombras, definitivamente su imaginación no le alcanza para imaginar a sus vecinos detenidos ilegalmente, como decenas de miles de personas, por hablar con quien no debían, por estar donde no deberían, por decir lo que no tendrían que decir, por pensar lo que no debían pensar, por lo que decidieron ponerse ese día, por peinarse mal, por ser amigos de…, por salir a la calle, por no estar de acuerdo, por querer algo más que una dictadura. No le da la fantasía para imaginar que su hermano es torturado como otras decenas de miles de personas, imaginar que su hija es secuestrada y violada sistemáticamente, no puede imaginar a sus padres ejecutados o a sus amigos más queridos exiliados y lanzados vivos desde un avión, no han tenido la educación suficiente para imaginar que la persona que ama, podía simplemente desaparecer. Esas personas, no podrían imaginarse ninguna de estas cosas, porque su educación le alcanza solo para imaginarse ilesos en medio del régimen stronista, y agradeciendo al Gobierno, porque es feliz aunque todavía no lo sepa y aunque todavía no lo sienta. Quien piense que hay algo positivo en la dictadura, no sabe de lo que habla, o sencillamente, le han quitado alma, le han cortado las alas y le han maltrecho el pensamiento, a tal punto que es capaz de creer que hay alguna cosa en esta vida incluso más valiosa… que la vida misma.

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