Las cajas negras abren la puerta a resolver el misterio del vuelo Río-París

París, 3 may (EFE).- El hallazgo de las dos cajas negras del avión que cubría la línea entre Río de Janeiro y París y que se estrelló en el Atlántico el 1 de junio de 2009 abre la puerta a la resolución de uno de los accidentes aéreos más misteriosos, indicaron hoy los responsables de la investigación.

El submarino robotizado Remora 6000 recuperó esta madrugada la segunda caja negra del Airbus de Air France siniestrado, la que graba las conversaciones y ruidos que se producen en la cabina, una información preciosa que se completará con los datos de la otra caja, encontrada el pasado domingo y que contiene diversos parámetros del vuelo.

Para el director del la Oficina de Investigación y Análisis (BEA), Jean-Paul Troadec, encargado de las pesquisas, este hallazgo es "un gran paso para la comprensión del accidente", aunque matizó que hay que esperar a conocer si se han conservado bien sus datos.

Los investigadores temen que el óxido y la presión tras casi dos años a casi 4.000 metros de profundidad hayan dañado los instrumentos de grabación y sus informaciones no puedan ser utilizadas.

No obstante, indicaron, los primeros análisis son alentadores porque el aspecto que presentan los instrumentos es bueno.

En unos diez días las dos cajas, precintadas ahora en urnas llenas de agua para preservar su estado, llegarán a París para ser analizadas.

Sus datos son claves para completar el puzzle de la investigación, estancada hasta ahora por falta de elementos que permitieran determinar las causas que provocaron que el Airbus A330 de la aerolínea francesa Air France con destino a París se estrellara pocos minutos después de despegar del aeropuerto de Río de Janeiro.

Ninguno de los 216 pasajeros ni de los 12 miembros de la tripulación salvó la vida.

Hasta ahora, las pesquisas habían señalado a un defecto en las sondas de medición de velocidad como causa del siniestro, pero los investigadores sostenían que esas conclusiones no eran definitivas porque faltaban elementos.

La caja encontrada la pasada noche contiene las grabaciones de todo lo que sucedió en la cabina, que se habían perdido hasta ahora porque, cuando el avión se estrelló, ya había salido del control de los radares brasileños y todavía no había entrado en el de los africanos.

Los investigadores podrán saber qué dijeron los pilotos, conocer si saltó alguna alarma y cualquier otro sonido que se produjo en la cabina en las dos horas anteriores a la catástrofe.

Esos elementos se completarán con los que contiene la otra caja, encontrada el domingo, que atesora parámetros como la velocidad, la altitud, el funcionamiento de los motores, el piloto automático y otros comandos de vuelo, en total 1.300 datos correspondientes a las anteriores 25 horas.

Esos elementos se completarán con otros obtenidos a partir de las piezas recuperadas hasta ahora del avión y de otras que se pretenden rescatar del lugar donde reposa el Airbus.

En los próximos días, los submarinos robotizados reflotarán una serie de calculadores que contienen más datos.

También recuperarán los motores para tratar de determinar el estado en el que estaban antes de chocar con el agua y la cabina, aunque será una tarea más complicada, puesto que está rodeada de otros restos del aparato.

Con todos esos elementos, los investigadores esperan arrojar luz donde hasta ahora sólo tenían una oscuridad que preservaba el misterio.

Poco importa que para ello hayan tenido que desembolsarse 35 millones de euros, pagados por Airbus y Air France, para encontrar los restos del aparato, una cifra récord en Francia.

Ese gasto "merece la pena", según Troadec, "si permite comprender los motivos del accidente y evita que se produzca otro similar".