La energía como negocio

“Si quieres asegurar tu inversión, compra acciones de la compañía eléctrica”. Esta consigna circula cada vez con mayor insistencia entre los brokers españoles ante la sostenida expansión que experimentan las empresas que suministran energía eléctrica. Con un factor añadido: “100% renovable, más barata y sin petróleo ni carbón… así será la energía en España en 2050” aseguraba en su edición de ayer el diario El Mundo de Madrid, que se hace las mismas preguntas que el resto de las sociedades, aún las que están en desarrollo: Qué será del sistema previsional, trabajarán los robots en lugar de los humanos, cómo nos surtiremos de energía eléctrica. Frente a incógnitas de difícil respuesta, los españoles parecen tener un camino bastante previsible en lo relativo a la energía. España es signatario del Acuerdo de París que obliga a reducir para mediados del siglo 21 entre un 80 y un 95 por ciento las emisiones de carbono a la atmósfera respecto a los niveles de 1990. ¿Cómo lo harán? Transformando su matriz energética. España ya produce el 41% de la electricidad que consume con una combinación de energía eólica, solar fotovoltaica, solar térmica y quema de residuos.

También ensaya un sistema denominado cogeneración, definida como “la generación simultánea de energía eléctrica y calor útil a partir de un único proceso de consumo energético primario”. Esto se resuelve con una alta eficiencia (energía y calor con un solo proceso), ahorro de energía primaria (petróleo, gas, carbón, aceite combustible, etc.) y reducción de emisiones (anhídrido carbónico, óxido nitroso, etc.). La ventaja principal es, sin embargo, que esta forma de generación se puede realizar con plantas de reducido tamaño instaladas en los centros de demanda, eliminando la necesidad de largas líneas de transmisión y costos agregados de reducción y distribución. Todas estas alternativas han puesto a España en cuarto lugar entre las naciones del mundo en cuanto a producción de energía limpia y renovable después de China, EEUU y Alemania. El 59% restante de su demanda la cubre con producción de origen hidráulico, nuclear, carbón y ciclos combinados. Producir energía seguirá siendo, por mucho tiempo, un buen negocio, sobre todo si la paleta de opciones de generación sigue ampliándose. Los españoles tienen claro que abastecerse de electricidad mediante la química de los hidrocarburos, la fisión nuclear y el represamiento de los ríos conduce a un callejón sin salida: el agotamiento y la contaminación.

En cuanto a los embalses, la colmatación fija un límite de vida para su funcionamiento, que va de 50 a 100 años antes de que la capacidad de generación se pierda por completo y las monumentales represas se conviertan en meros atractivos turísticos. En lo que a nosotros respecta, Itaipú y Yacyretá ya han recorrido 35 de un mínimo de 50 años de vida útil, sin que estemos pensando en alguna alternativa eficiente de generación. Vivimos a crédito y con fecha de vencimiento ya fijada. Un camino insostenible.


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