Soja: mitos se derriban con hechos

Sandra Noguera

 Gerente General de la CAPPRO

“La desinformación es un elemento que separa y disuelve, en vez de construir. Sobre todo, la desinformación cuando tiene objetivos, no cuando es casual”, dijo alguna vez el director técnico argentino Marcelo Bielsa, que tiene la virtud de poner en palabras pensamientos muy certeros que funcionan como una radiografía social.

En torno a la soja hay muchos mitos, desconocimiento y, lamentablemente también, campañas de desinformación no inocentes. Desde CAPPRO queremos hacer un aporte positivo al debate despejando el humo y proporcionando más luz sobre la realidad del sector. Nada más contundente que exponer los números para disipar las dudas.

Las industrias procesadoras de oleaginosas exportan el mayor porcentaje de su producción, lo que se traduce en mayores ingresos de divisas, generadas por exportar productos industrializados de mayor valor que la materia prima utilizada en el procesamiento; el dinero entra y se queda en nuestro país. Sumando las inversiones directas e indirectas llevamos invertidos más de USD 1.600 millones; generamos más de 8.800 empleos formales y de calidad (directos e indirectos) y somos uno de los aportantes más fuertes al IPS, con más de G. 21.500 millones (cerca de US$ 4 millones) anuales.

Nuestras empresas asociadas lideran las exportaciones del complejo sojero al cierre del primer trimestre del 2018, con un 52% del total y los volúmenes de procesamiento están en ascenso. En el primer trimestre, la molienda alcanzó las 879.048 toneladas de oleaginosas, un 10,6% más que en el mismo periodo del 2017.

Cabe destacar que nuestro país adoptó la Clasificación Industrial Internacional Uniforme de todas las actividades económicas (CIIU) de las Naciones Unidas, en la cual, se consideran industrias manufactureras, como norma general, a las que se dedican a la transformación de materiales en nuevos productos. La industria de molienda de oleaginosas, está clasificada como industria manufacturera, dentro de la subsección “elaboración de productos alimenticios”, ya que a partir de la soja se obtienen productos nuevos: harina, aceite y cascarilla. Por lo tanto, carece de todo argumento, intentar sostener que los productos derivados de la soja, no son productos industrializados.

¿Es “desinformación con algún objetivo” tratar a esos procesos como primarios e incipientes? Si indagamos más a fondo seguramente encontraremos respuestas. Pero la “información” incontrastable es que las plantas industriales de molienda, son fruto de importantes inversiones directas, transforman la materia prima y agregan valor.

Paraguay tiene una oportunidad dorada en el actual contexto. Habrá una creciente demanda de productos alimenticios en el mundo, concretamente, de proteína animal, dónde la consolidación de la industria de molienda de soja en nuestro país juega un papel fundamental para ayudar a transformar proteína vegetal en animal y atraer otras inversiones en industrias avícolas y porcinas, logrando que los beneficios de la mayor industrialización permanezcan dentro de nuestras fronteras

Las condiciones están dadas para posicionar al Paraguay como una potencia agroindustrial que alimente al mundo y convertirnos en un proveedor global de alimentos en lugar de ser proveedor de materias primas.

Tenemos una tierra bendecida por la naturaleza, los recursos humanos y empresas comprometidas en lograrlo, pero a este equipo debe sumarse una firme decisión política de promover el agregado de valor en las materias primas.

Las agroindustrias generan más empleos formales y de calidad, rompen la estacionalidad y permite que el ingreso de divisas sea constante durante todo el año, asegurando también trabajo durante todo el año para los prestadores de servicios fluviales y terrestres, y no sólo durante los 2 o 3 meses posteriores a la cosecha. Entre otro de los beneficios de exportar aceite se puede mencionar que las mismas barcazas regresan a Paraguay cargadas de combustible, con lo cual el precio del flete es más bajo, lo que debería ayudar a que el precio del combustible sea más competitivo.

El futuro de la industria alimenticia es una moneda de dos caras. Por un lado, están los proveedores de materia prima y por el otro, los países que agregan valor. La historia económica ha dejado muchas lecciones sobre el tema, por lo que el Paraguay debe elegir estar del lado correcto.

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