El precio del aire (Última Parte)

Por Juan Ignacio Guerra
Abogado

 

El mundo comienza en casa. Asumamos como premisa que la sostenibilidad es rentable y miremos esta ciudad, donde respiramos. Asunción disputa el “bronce” por ser la tercera ciudad más contaminada de América. Y, considerando todo el Paraguay, la contaminación del aire está un 50% peor que el estándar máximo admisible, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Eso causa, nos indica el conteo anual, la muerte de 42 niños y 1.117 jóvenes y adultos. Y todo esto a pesar de la vigencia de una Ley del Aire desde el 2014.

Para que Paraguay pueda respirar mejor, deberíamos aprovechar el “Mecanismo para un Desarrollo Limpio”, un acuerdo suscripto bajo el Protocolo de Kioto (diciembre de 1997), impulsado por la ONU y destinado a la mitigación del cambio climático. Este convenio pretende que los países en vías de desarrollo protejan sus recursos ambientales y los gestionen de manera sostenible. Para beneficiarnos con sus incentivos, bastaría reglamentar y vincular la Ley 3001/06 a los programas y mecanismos del Protocolo de Kioto. Y, por supuesto, adoptar medidas que incentiven y garanticen el desarrollo de una economía ambiental sustentable.

No es imposible o siquiera improbable, ya lo están haciendo países con desarrollo económico menor o similar al nuestro. Existen, al menos dos ventajas: vamos a respirar mejor y ganar dinero con ello.

¿Cómo lo hacen?

En el 2015, la Unión Europea emitía 10% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) mundiales. Entre 1990 y 2015, sus emisiones se redujeron 22%, mientras su economía creció en un 50%.

En Latinoamérica también existen casos de éxito: México creó un impuesto al carbono en el 2014, y está desarrollando el mercado de emisiones; Chile vende exitosamente certificados ambientales de múltiples proyectos relacionados con biomasa; Brasil, Uruguay y Costa Rica son buenos ejemplos de países con mercados internos de carbono desarrollados y funcionando.

En 2012, la Intendencia de Montevideo amplió un vertedero municipal para capturar y quemar el biogás generado (una mezcla producto de la biodegradación de materia orgánica, que contiene entre 50% y 70% de metano). A través de la combustión controlada del metano, se genera vapor de agua y CO2. La quema de ese biogás se certificó por 3 años y el Banco Mundial compró los certificados. En apenas dos años, eso generó un beneficio bruto por arriba de los 255 mil euros que, descontando el recupero de costos, se redujo a unos 54 mil euros netos. En esa ciudad de un millón y medio de habitantes, la sustitución de las luminarias incandescentes de los semáforos por luminarias LED, supuso la reducción de emisiones de CO2 en torno al 92% anual, o en valores equivalentes, 830 toneladas de CO2 certificados.

Cómo señalé la semana anterior, y consta en el informe que el Banco Mundial publicó hace seis meses, el mercado del carbono está en movimiento. Es que 45 países ya le pusieron precio; y se mide en “toneladas de CO2 equivalentes” (TnCO2e). Este “producto” se paga más o menos según su origen y el precio oscila desde menos de un dólar hasta 140 dólares por TnCO2e.

En 2016, los gobiernos recaudaron aproximadamente USD 22 mil millones entre licitaciones de permisos, cumplimiento de normas legales y tasas al carbono. Este monto subió a USD 33 mil millones en 2017, con un aumento en gran medida impulsado por nuevos impuestos en Canadá, Chile y Colombia.

En 2017, el valor combinado entre impuestos y los diversos mercados fue de USD 52 mil millones, sin incluir proyectos futuros. En 2018, este valor trepó a USD 82 mil millones, de los cuales unos USD 22 mil millones corresponden a un aumento de precios en los cupos de la Unión Europea.

Los Bonos de Carbono

Los bonos de carbono son un sistema de compensación por la emisión de GEI, que considera el derecho a emitir dióxido de carbono (CO2) como un bien canjeable y con un precio establecido en el mercado. Un crédito es un instrumento financiero que representa 1 tonelada métrica de CO2 que se ha reducido, almacenado o evitado. Cuando los créditos se emiten dentro del Protocolo de Kioto, se llaman CER (certified emission reduction). Por el contrario, los créditos VER (voluntary emission reduction) son certificados por organismos calificados, y colocados en mercados voluntarios fuera del régimen del Protocolo de Kioto. En Paraguay, este es el único modelo que usamos actualmente.

De todos y de nadie

La degradación del medio ambiente viene del último siglo y medio a consecuencia de la desidia en las Revoluciones Industriales. Los Gases de Efecto Invernadero (GEI) son el peaje que el planeta entero ha pagado para el desarrollo de un puñado de naciones, aunque sus consecuencias nos impactaron a todos, desarrollados y no tanto, tornándonos simultáneamente víctimas y victimarios. Y es esta magnitud la que obliga a que los Estados legislen mancomunadamente.

El cambio climático no es una teoría sino una realidad tangible, científicamente comprobada y jurídicamente reconocida.  Por lo tanto, genera derechos y obligaciones.

Lo peculiar de los derechos ambientales (como el derecho a vivir en un hábitat sano y equilibrado) es que son bienes de interés colectivo y difuso. Son colectivos porque defienden el interés común y no específico de un individuo. Y son difusos porque son valores difíciles de encuadrar en las categorías tradicionales (y ancestrales) del derecho, como la educación, la salud o la propiedad privada, donde el Estado tiene responsabilidad directa.

Son de todos, pero de nadie en particular.

Entender el impacto de los GEI

Primero que nada, vale preguntarnos: ¿cuánto es y qué representa una tonelada de dióxido de carbono (CO2), el principal gas causante del efecto invernadero?

Una tonelada de CO2 se emite recorriendo aproximadamente 3.200 km en avión o 4.900 km en un coche de tamaño medio. A 15°C de temperatura, equivale a un enorme cubo de 8 metros por lado.

Para dimensionar el potencial económico de los números en la generación paraguaya de GEI, basta con mencionar que, con un hato ganadero de 13,8 millones de cabezas, la ganadería paraguaya contribuyó en el 2017 a un poco más del 12% del PIB. Y diariamente, cada uno de estos animales produce entre 3 a 4 litros de metano en sus intestinos. Los GEI distintos del CO2 (como el metano) se calculan multiplicando su potencial de calentamiento global equivalente al CO2. El metano (CH4), por ejemplo, es un GEI potente que contribuye al calentamiento global con un potencial de 23. Esto significa que, en un siglo, 1kg de CH4 calentará al planeta 23 veces más que 1kg de CO2.

Los GEI también se acumulan en los océanos, haciendo que el agua sea más ácida y afectando a la vida marina.

Mickey lo comprende

Por todo esto, desde el punto de vista de la sostenibilidad, el mundo empresarial ya está cambiando su modelo de hacer negocios. Microsoft es un ejemplo, ya que desde 2012 es una empresa Carbono Neutral. A través de una tasa interna de carbono, el dinero recaudado fue utilizado para reducir millones de toneladas en emisiones, comprar billones de kWh de energía verde, y apoyar proyectos de reducción de carbono alrededor del mundo. Disney desarrolla una estrategia similar, trabajando sobre las emisiones que puede evitar, reducir o compensar cuando contaminar le resulta inevitable.

Es que hasta los dibujos animados encuentran interesante y productivo el hábito de respirar. Tenemos potencial y capital humano. Abramos juntos el mercado para ganar vida y dinero.

La primera parte de este artículo se puede leer aquí:  http://www.5dias.com.py/ el-dinero-crece-en-los-arboles-parte-i/

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