Tres instancias previas a la reforma

Por mucha reforma que se imponga, si no hay voluntad colectiva en el Estado para acabar con el derroche, es mejor que hablemos de otra cosa".

Así como el Gobierno insiste en imponer su reforma tributaria, desde este espacio también insistimos en que debe poner idéntico empeño en transitar las tres instan­cias previas a cualquier aumento de impuestos. Dar mayor racionalidad y eficacia al sistema tributario es un objetivo comprensible, siempre y cuando no enmascare una segunda intención: crear nuevas imposiciones o au­mentar las que ya existen.

Las tres instancias previas deben ser factores a ser resueltos antes de empujar la reforma. Primero, seguimos padeciendo el cáncer de la evasión. El Paraguay, se­gún el último informe de CEPAL, reportaba en 2014 una evasión del 30,9% sobre el IVA, es decir, sobre el 50% de sus ingresos fiscales, lo que equivalía a un 3% del PIB, cercano a los US$ 800 millones. Al­gunos países líderes como Brasil, México, Argentina y Colombia han modifi­cado su régimen penal tributario aumentando las penas por evasión con prisión efectiva, según reporta CEPAL en su informe 2017. Tal vez eso funcione en el Paraguay.

Si la reforma incluye meter dentro del sistema a quie­nes están hoy al margen de él, bienvenida sea. Sería un acto de estricta justicia y equidad. Los que no figuran en las planillas de la Secretaría de Tributa­ción y operan al margen de todas las normas tribu­tarias siendo “invisibles” para el Estado, merecen toda la escala de sancio­nes previstas por la ley.

En cuanto a la tercera instancia previa, la mejora de la calidad del gasto público, esa sería la madre de todas las batallas. Por mucha reforma que se im­ponga, si no hay voluntad colectiva en el Estado para acabar con el derroche, es mejor que hablemos de otra cosa. Porque si esta tercera fase no se cumple, de reforma no habría siquiera una sombra. Sería como volcar más recursos en un barril agujereado