Comer o ir al hospital

La salud es un derecho y los pobres no la merecen.
Por Jhojhanni Fiorini
@jhojhanni
PERIODISTA

El resguardo económico de la ciudadanía, con ecuanimidad, es una de las metas intrínsecas del sistema de salud. Este sistema es eficiente en la medida en que los ciudadanos reciben los servicios médicos que necesitan independientemente a su capacidad de pago.

En Paraguay el sistema de salud no siempre es de calidad y aquellos que pueden pagarse un seguro privado, lo hacen sin dudar. Según la Encuesta Permanente de Hogares 2017, tan solo el 19 % de la población total accede al seguro del IPS, un 7% a otro tipo de seguro y el 73% simplemente no tiene seguro médico.

El derecho a la salud se expresa claramente en la Constitución Nacional: “El Estado protegerá y promoverá la salud como derecho fundamental de la persona y en interés de la comunidad. Nadie será privado de asistencia pública”. Sin embargo, al momento de usar los servicios que se necesitan el sistema sanitario es injusto e inequitativo y la gratuidad del mismo es solo utopía.

La defensa financiera es frágil debido a que los individuos son obligados a pagar altísimos costos para recibir atención o para adquirir los medicamentos que necesitan. Dentro de este sistema de salud, el ingreso a la atención sanitaria depende, en gran medida de la capacidad de pago del enfermo o sus parientes.

Para los más carenciados, el promedio de gastos para recibir atención médica por una enfermedad o un accidente puede llegar a alcanzar el total de sus ingresos. Es decir, que los paraguayos tienen que decidir entre comer o ir al hospital.

Para cambiar esta situación el Estado debe garantizar el acceso a la salud mediante modificaciones estructurales que encaminen el sistema actual hacia la cobertura universal de salud en Paraguay. Es posible hacerlo con una mirada integral, donde el acceso a medicamentos y servicios médicos formen parte de un conjunto de garantías para toda la población.