Colombia o la verdad errática

ENVIADO ESPECIAL
DESDE BOGOTÁ (COLOMBIA)
BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO
@benjalibre

Los que creyeron que podría sepultarse más de media década de violencia con los acuerdos de paz que sellaron el gobierno de Santos y las FARC en el 2016 eran simplemente ingenuos o pecaron de simplistas. En este país donde su héroe máximo el Gral. Santander le paró las ínfulas autoritarias a su jefe el venezolano Simón Bolívar, se debate en todos los medios sobre los alcances de la norma en un país fragmentado.

 

Su expresidente Uribe ahora senador tiene 19 curules de un congreso que supera 100 y ahora debe enfrentar a la justicia por los llamados “testigos falsos” que lo involucra directamente con el senador Cepeda. Los debates radiales siempre muy intensos aquí en Bogotá rondan en torno a los alcances de las normas pero fundamentalmente en torno a la verdad oculta detrás de una guerra que se cobró 250 mil muertos, 4 mil falsos positivos y casi 80 mil desaparecidos. Toda Colombia tiene rastros aún de la violencia que sigue siendo el tema central de la conversación cotidiana.

 

La capital colombiana recibe ahora 500 mil venezolanos desesperados huyendo del hambre y de la represión en su país. Como todo colectivo numeroso, su tratamiento político y social no es fácil. Se tiende a la exageración al calificarlo a muchos como responsables de los hechos violentos y de robo, así como las actitudes antimigrantes pasan a convertirse en un hecho político desde EE.UU. pasando por Europa y llegando a Colombia. La economía acostumbrada a las confrontaciones trata de hacer como que nada pasa y el crecimiento aunque menor se mantiene dentro del índice de lo esperado en un país, insisto, donde la búsqueda de la verdad tiene ribetes militares, represivos, crueles y sociales.

 

Esta es una sociedad muy fragmentada y con pocas políticas orientadas a incluir a sectores como los de color, campesinos o quienes nunca tendrán la posibilidad de soñar alcanzar el poder. Es una sociedad desigual como gran parte de América Latina pero aquí se encargan de hacerlo notar con claridad. Solo mirando la cantidad de negros en este país y su casi nula representación política uno puede concluir en que mientras lo social no se integre a la política colombiana, la violencia será una de sus lamentables opciones.

 

La lucha violenta es parte de la historia de esta Nación y la reciente confrontación es la continuación de la misma. Hay muchos que no quieren saber la verdad sobre los costos en vidas humanas y confirman esa aseveración de que en todo conflicto la primera víctima es la verdad.

 

El territorio de la justicia que aquí goza de buen prestigio es otra escala más de los movimientos tectónicos de un país que trata de dar vuelta a una página donde gran parte de sus protagonistas hoy son aún figuras notables de la política criolla. La presentación de Uribe ante la justicia – aquí el poder judicial tiene control directo sobre los legisladores- coincide en octubre con los comicios locales y regionales avivando aún más el debate sobre los alcances que tendrá la versión que Uribe contará para convencer o manipular la errática verdad que todos dicen querer conocer pero muy pocos en realidad la desean.