Fin

Entre Nosotras

Stephanie Hoeckle – Directora de Oui Oui
stephanie@agenciaouioui.com

 

Cortita pero poderosa, la palabra que titula este comentario es la que perseguimos cuando vemos una película o nuestra serie favorita, o cuando leemos un libro atrapante. Ansiamos tanto saber cómo terminará la historia que somos capaces de hacer una sentata maratónica frente al televisor o de perder horas de sueño con tal de acabar con los episodios o las cuatrocientas y tantas páginas que nos revelarán un final feliz, otras veces dramático y, en más de una ocasión, inesperado. Y lo mejor de todo es poder, días después, conversar sobre esos “finales” con aquellas personas que los han seguido.

Todo muy bien mientras sea en el cine, la televisión o la literatura, pero cuando las protagonistas de esas historias somos nosotras, ¡cómo nos cuesta asumir un final!, sobre todo cuando implica perder algo importante: un amor, la vida de un familiar, la salud, una amistad, un trabajo, un proyecto profesional… son finales dolorosos y muy difíciles de aceptar, sin embargo, tarde o temprano, hay cosas que irremediablemente acaban. Aún así, es posible transformar una pérdida en una ganancia. Lo dice muy bien el título de un libro del español Albert Espinosa: Hay finales que merecen una historia, porque nos dejan lecciones de superación y de oportunidades. ¿Estás dispuesta a afrontar un final en la vida diaria, más allá de las películas? Reflexionemos sobre algunos puntos que tienen que ver con los finales en nuestro desempeño laboral.

¿Es, verdaderamente, el final?

Hay momentos en el trabajo que merecen un punto final y otros que no. A menudo enfrentamos situaciones de estrés laboral, pero eso no es motivo suficiente para abandonar un empleo o un proyecto. Los expertos hablan de que vivimos tiempos de “poca tolerancia a la frustración” y les doy la razón, porque hoy veo que muchas personas dejan con facilidad sus puestos de trabajo. Entonces, ¿cuándo merece la pena seguir? Steve Jobs decía: “Cada día me miro en el espejo y me pregunto: `si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?´. Si la respuesta es `no´ durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo”.

El final de una historia laboral puede ser el comienzo de otra más satisfactoria, aunque todo cambio debe hacerse con objetivos claros, teniendo en cuenta las opciones disponibles, los riesgos y los beneficios.

Finales que son oportunidades

Años atrás, una amiga fue protagonista de un final laboral dramático: perdió su puesto de trabajo en una empresa que redujo su plantilla de colaboradores. La noticia fue sorpresiva para ella, porque era una funcionaria muy eficiente, pero eso no la amilanó. Decidió invertir parte del dinero de su indemnización en impulsar un proyecto propio. Hizo algunos cursos para emprendedores, armó su plan de negocios, consiguió luego de mucho esfuerzo un socio capitalista y hoy puede decir orgullosa que lo que parecía un fracaso en su carrera se convirtió en su mejor victoria. Su empresa ha crecido, es rentable y ella disfruta intensamente de lo que hace.

En una ocasión le pregunté cómo pudo enfrentar ese mal rato que vivió al quedarse sin empleo. Ella me respondió sabiamente: “Fui consciente de que ese mal rato podía ponerse peor si no lo superaba, así que revisé lo que creía que había hecho mal hasta ese momento y miré para adelante, ya no volví al pasado”. Es cierto, de nada sirve juzgar lo que nos pasó, lo que pudo haber sido o lo que debió ser, porque lo que sucedió ya no se va a modificar. Así que, para avanzar como lo hizo mi amiga, hay que concentrarse en el presente y dejar de lado las culpas del pasado.

Estar preparadas

Es difícil saber el momento exacto en que algo tocará su fin, pero sí podemos prepararnos para cuando llegue. Si me dedico a mi familia, administro mis finanzas de manera correcta, me alimento bien y cuido de mi salud física y mental, pongo en práctica buenos valores e invierto en esas relaciones que me hacen bien —como los amigos—, será más fácil enfrentar los finales difíciles y concentrarme solo en ellos cuando sucedan, porque los otros aspectos de mi vida estarán más equilibrados.

Afortunadamente, un buen trabajo también nos premia con finales felices: un cliente satisfecho, un proyecto que logra hacerse realidad, una meta cumplida, un colaborador que progresa (aunque a veces eso a veces signifique una despedida)… son para mí momentos gratificantes, dignos de un final de película. Y ahora sí, punto final.

Finoportunidad