La patria asistencialista

SAMUEL ACOSTA
@acostasamu

PERIODISTA

Tal parece que el objetivo no es reducir la pobreza, sino aparentar que se está haciendo algo.

En el presupuesto general de la Nación para el próximo año se destinarán más de US$ 313 millones en programas de asistencia para familias en situación de pobreza. De este monto, se prevén que al menos US$ 65 millones se utilicen para transferencias monetarias, según datos de Hacienda.

Se tiene exactamente medida la cantidad de dinero y el número de familias a las que van direccionados estos recursos, pero nadie sabe a ciencia cierta qué efecto ha producido esto en los últimos años. A simple observación lo que se puede notar es que los resultados son escasos dado que según los últimos datos de Estadísticas y Censos poco más de 1,6 millones de personas en Paraguay continúan viviendo en pobreza total y de estas, unas 300 mil estan en situación de indigencia.

Es que lastimosamente estos millonarios recursos se también han utilizado como una especie de “cuota de apoyo” al gobierno de turno. Aunque es un secreto a voces parece que a nadie incomoda y que el objetivo real no es reducir la pobreza sino, simplemente, aparentar que se está haciendo algo.

Ante esto, ¿no es acaso el momento de hacer un análisis sobre la utilización de los recursos?, ¿esos US$ 300 millones no tendrían un mayor efecto derrame si se invirtiera en proyectos productivos industriales, agrícolas o de servicios que generen fuentes geuninas de trabajo antes que repartir dinero sin control?

Lo que se ha visto hasta hoy es que los bene­ficiarios en su mayoría ven a los programas como una especie de “sueldo por ser pobre” y así, se repite el error de entregar pescado antes que la caña de pescar. De esta mane­ra cada año los compromisos del Estado au­mentan, la población vulnerable se hace más dependiente y las finanzas públicas avanzan hacia el peligro de la insostenibili­dad. Esta película la padecen nuestros vecinos y debemos evitar cometer el mismo error.