Cáñamo industrial: más agronegocios en Paraguay

RAÚL PEREIRA
RPEREIRA@FERRERE.COM

No es droga, aunque sea de la familia. El cáñamo industrial o Cannabis sativa es una variedad de la planta Cannabis cuyo contenido de tetrahidrocannabinol (THC, principal constituyente psicoactivo del cannabis) es menor a la destinada para uso medicinal o recreativo.

Hace tres meses, el Poder Ejecutivo abrió las puertas a nuevas oportunidades para el sector agricultor del Paraguay. Mediante la emisión del Decreto 2725/19, el Poder Ejecutivo reglamentó las actividades de: (a) importación de material de propagación; (b) experimentación; (c) investigación; (d) cultivo industrial; (e) procesamiento; (f) almacenamiento; (g) transporte; (h) comercialización; (i) exportación; y (j) distribución del cáñamo industrial.

Este decreto multiplica ocasiones de negocios agroindustriales. La versatilidad del cáñamo industrial en cuanto a sus diversos usos hace que sea una alternativa atractiva a las plantas que dominan el sector en la actualidad. De hecho, factores climáticos hacen que en Paraguay se puedan tener hasta tres cosechas anuales, lo que coloca al país en una excelente posición competitiva.

A la fecha, ya llegaron las primeras semillas de cáñamo industrial, importadas desde China y Europa, a los efectos de iniciar los primeros cultivos experimentales, y existen empresas que ya manifestaron su interés por este tipo de cultivo, apuntando a los sectores alimentario, de fibras y aceites.

Diez mil años de historia

Evidencias arqueológicas indican que su cultivo data, por lo menos, de hace 10.000 años. Es, posiblemente, una de las primeras plantas cultivadas por el hombre. En China de la era Neolítica, el cáñamo tuvo diferentes aplicaciones como, por ejemplo, la fabricación de ropas, zapatos, cordajes y papel. En Europa de la Edad Media, sus fibras se utilizaban para cuerdas y cabos en barcos, como fue el caso de las carabelas de Cristóbal Colón.

La planta fue traída a Chile por los españoles alrededor de 1545 y en Norteamérica hay registros del uso del cáñamo que datan del año 1600, en las vestimentas de tribus indígenas.

Variedad de derivados, usos y potencialidades

Actualmente, el cáñamo industrial se usa en una variedad de productos comerciales e industriales, incluyendo cordajes, textiles, alimentos, papel, bioplásticos, aislantes y biocombustibles. Esto supone que en la producción de estos y otros materiales, la mayor explotación del cáñamo podrá ir sustituyendo materiales artificiales u otras materias primas.

En cuanto a textiles, la versatilidad de la fibra del cáñamo permite que sea utilizada en una variedad de productos, como ropas, zapatos, collares y utensilios domésticos. La fibra textil del cáñamo es considerada la más larga, resistente, aislante y duradera entre las de origen vegetal. En cuanto a su rendimiento, una hectárea de cáñamo produce el doble de fibra que una hectárea de algodón. Además, la fibra de cáñamo no requiere tantos productos químicos para ser procesado y en su cultivo puede prescindirse de pesticidas.

El cáñamo industrial también tiene aplicación de gran interés en el área de biocombustibles. El mismo podría reemplazar, en un futuro, a otros biocombustibles de origen vegetal (soja, maíz, aceite de palma, etc.), atendiendo a que es más sustentable. Respecto de la sostenibilidad, el cultivo del cáñamo no implica daños graves al medio ambiente. Su ciclo es más rápido, necesita menos agua y fertilizantes y, adicionalmente, cerca del 70% de los nutrientes vuelven al suelo durante y después de la cosecha.

El biocombustible derivado del cáñamo industrial también es más puro y limpio que los que se fabrican a partir de otros cultivos. Y, aún más importante, es más biodegradable, por lo que no produce emisiones toxicas al quemarse. Finalmente, el cáñamo industrial es versátil y del mismo se pueden producir biodiesel, etanoles y metanoles.

El cáñamo industrial también es una planta mucho más apropiada para fabricar papel. En este caso, el papel de cáñamo es una alternativa eficiente a la deforestación que causa la industria papelera actual. No solo la planta del cáñamo crece rápido, sino que una hectárea de plantación de cáñamo puede producir cuatro veces más material que una hectárea de árboles, atendiendo a que contienen hasta un 85% de celulosa, mientras que los árboles contienen, máximo, 30%. Además, el cáñamo se cultivaría cada año, lo que implica obtener un gran tonelaje anual. Por último, el papel de cáñamo puede ser reciclado hasta siete veces.

De hecho, hasta mediados del siglo XIX, el cáñamo era la materia prima principal para hacer papel. Incluso la declaración de independencia de los Estados Unidos fue firmada en papel de cáñamo.

Por último, vale también menciónar la aplicación del cáñamo industrial en el almacenamiento de energía ya que el cáñamo puede ser utilizado como componente en supercondensadores para el almacenamiento de energía. Los estudios afirman que este supercondensador sería más económico que los de grafeno, el material utilizado actualmente y, además, almacenaría casi el doble de energía.

La regulación paraguaya

El Decreto 2725/19 es relativamente sencillo. Cuenta con tan solo 15 artículos y determina, de forma general, el marco legal dentro del cual personas físicas o jurídicas, de naturaleza pública o privada, sean nacionales o extranjeras, y que se encuentren domiciliadas en el país, deseen realizar las actividades de explotación del cáñamo industrial.

Como punto de partida, resulta importante establecer que, conforme al Decreto 2725/19, para ser considerada como cáñamo industrial, la planta de Cannabis debe tener un contenido de THC inferior a 0,5% en peso seco, a los efectos de ser considerado como “no psicoactivo”, a diferencia del Cannabis medicinal o recreacional, que contiene niveles de THC por encima del 1% en peso seco.

En cuanto a las autoridades de aplicación del marco legal de explotación del cáñamo industrial, fue designado el Ministerio de Agricultura y Ganadería (“MAG”), en coordinación con la Secretaría Nacional Antidrogas (“SENAD”) y el Ministerio de Industria y Comercio (“MIC”).

El Decreto 2725/19 no específica las características de la coordinación de la SENAD y el MIC con el MAG, sin embargo, podríamos presumir que brindarán apoyo en el cumplimiento de las disposiciones del decreto, siempre en el marco de sus atribuciones.

Por último, vale mencionar las definiciones más importantes que se contemplan en dicho decreto. Así, el Área de Cultivo y de Fabricación están definidos como un inmueble o conjunto de inmuebles que cuentan con la debida autorización y habilitación para el cultivo y los procesos de transformación del cáñamo, respectivamente.

Los Derivados de cannabis no psicoactivo (cáñamo industrial) comprenden aceite, resina, tintura, extractos, fibras y preparados o productos obtenidos a partir del cáñamo industrial.

Por último, el Decreto 2725/19 define ciertos documentos que ciertamente estarán en el centro de las actividades de explotación del cáñamo industrial por quienes tengan la debida autorización. El Plan de cultivo es un documento que debe cumplir con los requisitos establecidos para implementar la trazabilidad y el esquema de seguridad conforme a las exigencias de la SENAD.

Luego, el Plan de explotación se refiere al documento donde debe constar la identificación de los potenciales países a los cuales se quiere exportar los derivados del cáñamo industrial, el estatus legal del cáñamo industrial en dichos países, las entidades a través de las cuales serán exportados los derivados y un modelo de contrato que será utilizado para la venta de los derivados.

Finalmente, el Plan de fabricación, el que deberá contener, entre otras cosas, el cronograma de trabajo, un organigrama con las responsabilidades y labores de cada uno de los empleados o contratistas involucrados en la etapa de fabricación de derivados del cáñamo industrial y el monto de las inversiones necesarias para la ejecución de dichas actividades.

Evaluar ¿con mejoras?

Al evaluar las probabilidades de negocio, no debe descartarse la emisión de más reglamentaciones relativas al cáñamo industrial. En efecto, el Decreto 2725/19 establece su reglamentación por las diferentes instituciones, especialmente en lo que respecta a los métodos de cultivo, trazabilidad y procedimiento de sanciones en caso de incumplimientos con las disposiciones legales. Esto incorporará nuevas facetas, que habrá que evaluar profesionalmente, esperando que abran todavía más las oportunidades a la instalación de nuevos agronegocios.