Formación de las personas incide en condiciones del empleo

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Los conocimientos y habilidades que una persona adquiere en el sistema educativo, condicionan su inserción dentro del mercado laboral, esto es, dependiendo de cuanto permanece, pero sobre todo cuantas capacidades desarrolla dentro del sistema, la misma tiene mayores o menores posibilidades de acceder a un empleo decente. Cuantas más competencias tengan las personas mayores serán sus oportunidades de crecimiento y mayor será su contribución al desarrollo nacional.

La formación de la población ocupada Según los últimos datos disponibles de la Dirección General de Estadísticas Encuestas y Censos (Dgeec) la población ocupada tenía 10 años de estudio al tercer trimestre del 2019. Sin embargo, el 45,9% de las 3.378.074 personas que se encontraban trabajando al momento de la encuesta tenía hasta 9 años de estudio, lo que significa que 1.550.536 personas como mucho habían concluido la educación escolar básica.

Al analizar por área de residencia se pueden observar importantes diferencias. Los ocupados residentes del área urbana al haber tenido, entre otros factores, mayores facilidades en el acceso a la educación, tienen en promedio 11,3 años de estudio, es decir, 3,7 años más de estudio que los del área rural cuyo promedio es de 7,6 años. Esto contribuye a que el promedio de ingreso mensual del área urbana sea de Gs.2.726.100 frente a Gs.1.864.700 que en promedio percibían mensualmente las personas ocupadas residentes del área rural al momento de aplicación de la encuesta.

La limitada formación de las personas también incide en su capacidad de encontrar un empleo que les permita obtener ingresos suficientes para vivir dignamente. Así, un 12,9% de la Población Económicamente Activa (PEA) se encontraba al tercer trimestre del 2019 sin empleo o subocupada trabajando menos horas de las que desearía, mientras que el 63,1% de la población ocupada tenía empleos no formales, es decir, no aportaba a ningún sistema de jubilación ni tenía registro único de contribuyentes. Con seguridad, los grupos con menor formación son los más afectados por el desempleo, la subocupación y la informalidad, lo que los hace más vulnerables a situaciones de menor actividad económica como la vivida el pasado año.

EDUCACIÓN DE LOS JÓVENES Y SU REALIDAD LABORAL

Los anteriores datos engloban a toda la PEA, si nos enfocamos en los jóvenes, podremos notar que si bien, en general, los jóvenes paraguayos han estado más años en el sistema educativo que sus padres, ellos tienen numerosas dificultades para acceder a empleos de calidad y desarrollarse íntegramente como personas. Los jóvenes de 15 a 29 años constituyen un segmento poblacional clave pues según la EPHC 2018 (últimos datos procesados publicados) representaban el 27,3% de la población total y 33,8% de la población ocupada. Sin embargo, les resulta difícil encontrar un empleo y quienes lo encuentran deben muchas veces aceptar condiciones poco favorables, especialmente porque no tienen las competencias necesarias.

Las competencias que los jóvenes pudieran tener dependen en gran medida de sus años formación, así como de la calidad y pertinencia de la educación recibida. En este aspecto, más de 240.000 jóvenes tiene menos de 6 años de estudio es decir como mucho concluyó el segundo ciclo de la educación básica, mientras que aproximadamente 1.200.000 jóvenes tienen entre 7 y 12 años de estudio, parte importante de los cuales no concluyó la educación media.

En cualquiera de los casos, que tengan más años de estudio no es sinónimo de que sus posibilidades de inserción laboral sean mayores, dado que la cantidad no necesariamente refleja la calidad ni la pertinencia de los conocimientos y habilidades adquiridos.

Es común escuchar que los empresarios mencionen barreras para la contratación de los jóvenes. En un estudio realizado por la Consultora, la formación deficiente e insuficiente, la baja calidad y las desigualdades en la educación, la falta de actitud para el crecimiento personal, la educación poco práctica, los escasos conocimientos específicos y el acceso limitado a las nuevas tecnologías, son algunas de las barreras mencionadas.

Ellas hacen que 10,7% de los jóvenes económicamente activos se haya encontrado desempleado al momento de la aplicación de la encuesta, una tasa que casi duplica a la registrada a nivel país, mientras que el 6,2% trabajaba menos horas de las que deseaba.

A ese alto desempleo, se suma el hecho de que 58,1% de los jóvenes trabajaban solos, en micro o pequeñas empresas o como empleados domésticos, es decir, más de 645.000 se encontraba con probabilidad trabajando en empleos informales, mientras que de los asalariados más de 323.000 percibía menos del salario mínimo, lo que limita sus posibilidades de seguir estudiando para mejorar su formación. Desafíos para mejorar las oportunidades de las personas.

Los datos muestran las dificultades existentes en el mundo laboral para la población ocupada y en especial para los jóvenes, dada la limitada formación que se tiene en el país. Para superarlas, se necesitan de políticas que permitan mejorar la calidad de la educación, brindando a las personas conocimientos pertinentes y desarrollando las habilidades más demandadas.

Sin embargo, los conocimientos brindados deberían ser complementados con educación en valores y actitudinal, que potencien la capacidad de aprender a aprender y las capacidades intrapersonales básicas como la comunicación y el razonamiento lógico de las personas de modo a que tengan oportunidades de acceder a empleos más seguros que les garanticen mejores ingresos.