Vivir de lo urgente o desde la profundidad de lo importante

Por Mariela Baez
Coach Ontológico
Asesora de imagen

Esta columna no alienta a una vida aletargada ni conformista. Se trata más bien de aprender a “pausar” para replantearnos el rumbo.

La sociedad y nuestro tiempo actual nos impulsan a la competitividad, a crecer, a avanzar, a reponernos y superarnos si algo sale mal. Ese ritmo hace que en muchos casos desatemos una carrera contra el tiempo y pretendamos abarcar mucho más de lo que el cuerpo nos permite. Ahí es cuando nos encontramos con rostros cansados, miradas enajenadas y conversaciones con ausentes.

¿Qué será que nos pasa que estamos tan preocupados por mantenernos 100% ocupados y a un ritmo casi insalubre? ¿De qué nos perdemos cuando corremos sin pausar nuestro andar?

Si no pausamos, corremos el riesgo de desoír las alarmas de la saturación. Así hay miles de ejemplos donde la “Vida” se encarga de frenar lo que de otra manera no se puede parar, por ejemplo: una enfermedad o una crisis personal en el espacio pareja que evidencia un descuido vincular.

Muchas veces nos despertamos tras lamentar consecuencias que hubiésemos podido evitar. Lo segundo, resulta de un cambio de conciencia que nace luego de experimentar el sinsentido de correr sin llegar a ningún lugar.

¿Qué me pasa a mí con la mayoría de las personas que vienen a las asesorías de imagen? Que reconocen haber vivido los últimos años UNA VIDA DE LOCOS. Sienten que viven corriendo de una cosa en otra, con el alto costo que muchas veces se traduce en postergación y frustración.

Si en algo coinciden muchos, es que no saben por dónde empezar a cuidarse, pero reconocen que es necesario bajar el ritmo, hacer una pausa y redireccionar sus prioridades y objetivos para mejorar su bienestar y de ese modo lograr una imagen externa más positiva.

Creo que podemos entrenarnos en mirar más allá de la inmediatez y preguntarnos ¿para qué? Es posible que a tiempo y por propia decisión podamos ir replanteando y resignificando nuestra dirección. A veces, lo que antes sí, ahora no…O lo que antes no… ahora sí. Pero si no hay un dialogo interior que dé lugar a esta reflexión, corremos el riesgo de seguir transitando en automático un camino marcado que ya no nos conduce en la dirección que ansiamos.

Y acá me viene a la mente una conocida frase que se le atribuye a Napoleón Bonaparte decirle a su criado, quien, apresurado en abotonarle la chaqueta, no lo hacía correctamente: “Vísteme despacio que tengo prisa”. Él tenía un compromiso importante y quería llegar tan a tiempo como bien vestido.

Por lo tanto, acelerar no nos deja vivir en el hoy y por estar apurados podemos perdemos la oportunidad de hacer y vivir con calidad. Con cuantas personas hablas a diario que parecieran tener la mente corriendo como caballos indomables, apresuradas y siempre están un paso adelante. Lo que se viene

después de eso es que: El “ahora” se convirtió en el ayer que aconteció sin nuestra presencia.

Moderar lo exagerado y descomprimir lo comprimido, posibilita aquietar la acelerada mente para que se exprese y se conecte con lo que es valioso en verdad.

Tenemos tantos desafíos; esta pandemia puso al mundo literalmente de cabeza y en nuestras manos esta sobrevivir integralmente. Por eso, creo fundamental reflexionar y estar muy atentos a elegir como queremos vivir: ¿De lo urgente o desde la profundidad de lo importante?

“No nos lamentemos, que por atender lo urgente, descuidamos lo importante”


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