Contratar a los mejores y pagarles buen salario

Claudio Sánchez
csanchez@5dias.com.py

En el imaginario popu­lar desde hace décadas se instaló la idea de que los salarios pagados a altos funcionarios públicos –en especial a los de cargo elec­tivo- son sueldos desco­munales y representan un objetivo inalcanzable para la masa.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El sec­tor público, con toda su ineficiencia y casi total inoperancia es lo que es sencillamente porque los buenos salarios los paga el sector privado y aque­llos técnicos, gerentes y administradores de me­dia gama para abajo, que simplemente no tuvieron cabida en el sector privado, terminan en la función pú­blica.

Forma parte de una selección natural donde los méritos, la eficiencia y las aptitudes van filtrando el mercado.

Ya en la función pública se conjura todo un “think tank” dedicado casi a ple­no a buscar la manera de engrosar el magro salario, y entre las soluciones –que hoy sale a luz- están estrategias como las que crean cargos directivos para funciones, como hacer fo­tocopias, abrir puertas o apretar botones de ascen­sores, donde unos cuantos infelices acaban prestando sus nombres y firmas en planillas de salarios cuyos montos son absurdamen­te altos para los servicios en cuestión, y donde en la gigantesca mayoría de los casos el padrino del “em­pleado” se lo embolsa casi por completo.

HECHOS
Aquí es donde entra el sinfín de estadísticas que desnudan lo mucho que aún queda por hacer.

Como la del Banco Inte­ramericano de Desarrollo, que en su recientemente presentado libro “Mejores pensiones, mejores traba­jos”, habla de que el salario mínimo en Paraguay co­rresponde en el 80% de los casos, al salario techo. De ahí esta masa insatisfecha que cree que 10 salarios mínimos al mes es desco­munal.

Luego viene el porcentaje de dinero destinado por el Estado a inversiones; sólo el 14% del producto inter­no bruto (PIB), cuando no hace dos semanas escu­chábamos a un Carlos Slim afirmar que las economías emergentes deben desti­nar por lo menos el 30% para arriesgar ubicarse en situación de países en de­sarrollo.

Y en la misma reunión del Círculo de Montevideo, en Luque, Felipe González fue tajante al advertir que los gobiernos no deben crear empleos sino que –a través de la inversión- construir el marco para que las em­presas se instalen y sean estas las que creen em­pleos.

Advirtió a los gobiernos latinoamericanos, acos­tumbrados a esta práctica, que si el Estado se da por tarea fabricar puestos de trabajo, lo único que le cabe es inventar cargos estiran­do de manera irrespon­sable la burocracia.

Y esto es lo que en el Congreso paraguayo hoy queda al desnudo, mientras que una buena canalización de los US$ 400 millones anuales aplicados al pago de ho­ras extra bien podrían ser invertidos en infraestruc­tura, que a su vez facilite las conexiones desde los centros de producción de materias primas hasta los puntos de procesamiento, generando valor y creando empleos.

MATEO BALMELLI
En comunicación con 5días en La Unión, Carlos Mateo Balmelli analizó el escándalo desatado en el Congreso con la mediatiza­ción de salarios y cargos de empleados de bajo rango.

Dijo que el funcionario público, encargado de lle­var la política monetaria, la fiscal o la titularidad de las carteras ministeriales, no puede tener salarios tan bajos en relación al merca­do.

Coincidió con analistas que indican que el grue­so de dinero destinado a funciones como las de as­censorista jefe o director de fotocopias –no sólo en el Congreso, sino en la to­talidad de las dependencias estatales- debe ser rea­signados en presupuestos futuros, a remuneración de los altos funcionarios pú­blicos con un grado elevado de responsabilidad en los cargos de una vez y acabar por fin con las “gratifica­ciones”.

En manifiesta postura contraria a la de su correli­gionario y actual presiden­te del Senado, Blas Llano, Carlos Mateo Balmelli dijo que éste se equivocó en to­mar la decisión de publicar los hechos y consultado sobre si ello se debe a una suerte de alineación con el Ejecutivo tras el pacto azulgrana que derivó en su nombramiento a la cabeza de la Cámara Alta, Balme­lli lamentó que, contrario a administraciones colo­radas anteriores, Horacio Cartes gobierne sin opo­sición. “Cartes no tiene a un Domingo Laíno, un Cubas, un Luis María Ar­gaña”, aseguró, y concluyó apuntando que aún así, el primer año de gobierno se pasó con más sombras que luces.

PROFESIONALES
En síntesis, y en vista de la necesidad de idoneidad dentro del funcionariado público, quizás cueste re­clamar que el dinero hoy malversado en circuitos enmarañados de recauda­ción vayan a parar al pre­supuesto para inversiones, pero mínimamente po­demos pedir que se utilice para crear asignaciones acordes al nivel que nece­sitamos en cargos como la dirección del Banco Cen­tral, el BNF, la AFD; así como los ministerios de Obras Públicas, Educación, Salud y la Dirección Nacio­nal de Aduanas, sin olvi­dar que necesitamos a una Cancillería de verdad, para lo que habrá que tener al mejor de los mejores, capaz de tutear a cualquier can­ciller argentino que quiera imponerse en cuestiones como la usina nuclear, o la libre navegación de la hi­drovía, o las negociaciones de la deuda de Yacyretá.

Finalmente, las victorias de Hacienda y Tributación frente al esquema mon­tado por empresas priva­das en connivencia con empleados públicos para evadir impuestos no serán suficientes para que el dis­curso del presidente Car­tes el próximo 15 de agos­to, cuando se cumpla un año de su gestión, eclipse los pobres resultados en materia social, económica y financiera de su admi­nistración