El “efecto selfie” y la estética facial

No, no es un tema menor que invite a dar vuelta la página. Si invierte unos minutos leyendo este artículo entenderá su importancia.

Estudios recientes indican que la costumbre de to­marse una “selfie” –autofo­tografía facial- ha revelado que el procedimiento produce un efecto distor­sivo promedio del 30% en la nariz, aumentando la percepción de su tamaño.

¿Quién hizo el estudio? La Academia Estadouni­dense de Cirugía Facial Plástica y Reconstruc­tiva, que en su revista del ciclo julio-agosto de 2018 publica un artículo titulado “Distorsión nasal en fotografías de corta distancia: el efecto selfie”. Según la academia, diariamente se toman, a través del sistema An­droid… ¡93.000 millones de autofotografías! ¿Cómo lo han calculado? En la era de los algoritmos, la pre­gunta se responde sola.

Pero esto es algo más que un mero juego de cifras. El “efecto selfie” ha empujado a miles de personas a consultar a los cirujanos plásticos en busca de ayuda.

En los últimos 12 meses, el 42% de los especialistas reportaron pacientes que buscaban algún tipo de procedimiento cosmético –incluida la cirugía- para mejorar su apariencia facial en las “selfies”. Son datos contundentes de una institución de seriedad irreprochable. Millones de personas ha­cen algo más que “colgar” sus historias personales en las redes sociales. Tienden a adaptarla a sus mandatos modificando su configuración facial.

Los fotógrafos profesio­nales conocen ese efecto desde hace décadas. Lo remedian calculando la distancia focal y usando lentes apropiados. Pero hoy, la furia “selfie” mueve a adaptar la realidad a la cámara.

Un cambio axial que imponen las redes sociales y el mundo digital y que se nos ha echado encima a la velocidad de la luz. Y en esa vorá­gine, la percepción de la realidad está por encima de la realidad misma.

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