El increíble impacto de las “low cost”

En 2017 hubo 37 millones de vuelos comerciales en todo el mundo con una tasa de accidentes de uno cada 7.360.000 vuelos. Un inalcanzable estándar de seguridad.

 

Desde que aparecieron en los cielos de América, las aerolíneas de bajo coste (o “low cost”) han estado transformando el mer­cado aerocomercial. Fue en los años ’70 que una empresa norteamericana inauguró sus vuelos a tarifas muy por debajo de los gigantes de la aviación.

Desde entonces, el fenó­meno se extendió a todo el mundo poniendo en apuros a las denominadas “aerolíneas de bandera”, muchas de las cuales han desaparecido. Pero muy pronto, las pioneras de esta modalidad caerían bajo los efectos de un verdadero canibalismo que continúa hasta hoy.

Tan devastador fue este fenómeno que las líneas de “servicio completo” se vieron obligadas a segregar sus propias “low cost” para competir en una franja de negocios en permanente expansión.

A la holandesa KLM la acompaña su hermana menor Buzz, a United Airlines, Ted, y hasta Iberia tuvo que poner en marcha Clickair para pelear el mercado. La lógica de esta oferta se basa en que muchas personas priorizan llegar cuanto antes a destino y estar lo menos posible en el avión. La atención de a bordo se reduce al mínimo, sobre todo en los trayectos medio y corto. Así, el servicio “a cuerpo de rey” cede paso a un simple café o gaseosas y, en el caso de trayectos largos, alguna comida fría de paquete. También se combinan los horarios y costos de tal manera que ya no hay, como en el pasado, asientos vacíos.

La curva de viajeros viene creciendo soste­nidamente desde 1970, cuando volaron 450 millones de personas, hasta 2017, en que lo hicieron 4.000 millones. Con un detalle no menor: el año pasado hubo 37 millones de vuelos en todo el mundo con una tasa de accidentes de uno cada 7.360.000 vuelos.

Ninguna otra forma de transporte puede ofre­cer una accidentología semejante, ni por apro­ximación. Eso explica el boom imparable de la aviación comercial.