Elecciones 2018: La explicación de todos los resultados, sin conocer todas las causas (III)

VÍCTOR RAÚL BENÍTEZ
PTE. DEL CLUB DE IDEAS

A continuación se presenta la tercera, de las cinco perspectivas, sobre el escenario pos-electoral, la victoria de la ANR y la derrota de la Alianza Ganar.
1. Las “profecías autocumplidoras” de Robert Merton: “la construcción social de la realidad”.
2. La “teoría de la reflexividad” de George Soros: “la realidad manipulada”.
3. El “concepto de justicia” de John Rawls: “no existe sociedad posible entre desiguales”.
4. La “teoría de los juegos” de John Nash: “la mejor decisión individual es la peor grupal”.
5. La “regresión a la media” de Francis Galton: “la sociedad conservadora”.
El “concepto de justicia” de John Rawls: “no existe sociedad posible entre desiguales”.
Según Stiglitz, el poder económico coopta al poder político. Es por eso que podemos decir, que el poder real está lejos de la política. La causa raíz de este fenómeno es la desigualdad. La desigualdad es más importante que el crecimiento, porque tiene consecuencias políticas. En las elecciones del 2018, ganó el bando que tenía más recursos económicos. El abrazo republicano integró al candidato vencedor de las internas coloradas, con el vencido, pero que estaba lleno de plata

.
La pregunta que queda es la siguiente: ¿es posible la justicia electoral en una sociedad donde existe desigualdad económica? En primer lugar, para definir a la Justicia en su relación con la economía o con la política (es posible la Justicia en una sociedad económicamente desigual, no equitativa) debemos leer a John Rawls, filósofo neo-contractualista norteamericano, quien dice que no podemos separar el concepto de Justicia de la moral, de la política ni de la economía (o de los sistemas económicos). Todas estas instituciones sociales, por ejemplo la iglesia que cuida de la moral de la fe, la política que organiza el poder en la sociedad y la economía que satisface necesidades físicas de la gente, no pueden divorciarse del concepto de Justicia. El cual es: “la Justicia como equidad”. Como estado natural original con el cual se inicia el contrato social.
La voluntad de vivir en con-dominio (no en un estado de auto-dominio sino que en con-dominio) entre los seres humanos, parte del principio de: “que nos unimos en condominio dentro de una situación natural u original de igualdad, o de equidad”. Somos iguales por eso nos aproximamos y nos volvemos próximos, prójimos. Uno sólo se aproxima a sus semejantes. Y aquí introducimos algo que dice Stiglitz: sólo los semejantes se aproximan unos a otros, los no semejantes, los no próximos, no son prójimos, no se aproximan entre sí, no quieren vivir en condominio, y se alejan los unos de los otros.
No existe sociedad posible entre desiguales. El principal factor de éxito de un individuo son sus condiciones de partida: los ingresos y la educación de sus padres. Hay 2 tipos de desigualdad: desigualdad en los ingresos, los salarios y rentas; desigualdad en la riqueza, el patrimonio acumulado.
La economía de los pobres no es lo mismo que la pobre economía. Los pobres comienzan a aparecer como personajes en la historieta nacional, la mayoría de las veces como malandros, con mucha frecuencia como perezosos y pasivos, otras veces como nobles y sacrificados pero sin oportunidades, y muy pocas veces como héroes. Por lo general son los que votan de manera más racional. Con lo poco que han podido recibir de las promesas de campaña, muchos se disponen a votar, vendiendo sus votos.
Y algo que quiero agregar. Los pobres no son menos racionales que el resto de la gente. Al contrario. Por lo general son grandes economistas, para poder sobrevivir con lo poco que reciben. En el Paraguay existen hoy casi 26 % de pobres. Eso quiere decir, 2 millones de paraguayos que están por debajo de la línea de pobreza. Casi 6 % de pobres extremos que no tienen lo suficiente para comer, eso representa a 420.000 compatriotas, algo así como 10 estadios Defensores del Chaco llenos de personas, que no consiguen comer todos los días.
Los resultados de las elecciones muestran el rostro de una sociedad donde el 10% de los que reciben más, representan 25 veces al 10% de los que reciben menos. La desigualdad: debilita a la economía, socava la democracia y divide a la sociedad. La democracia norteamericana, a la cual seguimos, occidental y cristiana, se basa en dos Principios fundamentales: igualdad de oportunidades; justicia para todos. El acceso igualitario a la Justicia se debilita cuando no existe igualdad de oportunidades porque solo unos pocos acumulan mucho. Y estarán sobrerrepresentados en los poderes del Estado. Y los que reciben menos, estarán subrrepresentados en todas las instancias de poder. Basta ver las cámaras de diputados y de senadores.
La economía de mercado es un juego, y como todo juego, si se entra en el mismo desigualmente equipado, hay ganadores y perdedores. Hay tres cuestiones a considerar para entender cómo queda la sociedad paraguaya luego de estas elecciones: los mercados no funcionan como se suponía que deben hacerlo; el sistema político no corrige las fallas del mercado; los sistemas políticos son fundamentalmente injustos.
Estas tres cuestiones están íntimamente ligadas. Luego, la desigualdad es causa y consecuencia del fracaso del sistema político, el cual contribuye para aumentar la desigualdad. En consecuencia, sólo la política, cortando su propia carne, es el único camino que puede corregir las imperfecciones del mercado por medio de la Justicia. He aquí el dilema. No vayamos a esperar que el mercado genere la equidad económica para que entonces se realice la Justicia. Eso no debe ser nuestra preocupación. De hecho, el poder de los mercados es enorme, pero no tienen un carácter moral intrínseco. Los impulsos vitales del mercado no están para construir equidad ni para generar un campo de juego con igualdad de oportunidades. De eso se trata la competencia. Algunos deben ganar y otros deben perder. Por eso se llama, régimen de competencia.
Es necesario moderar y domesticar el salvajismo de los mercados. Y de eso se debe ocupar la política. Ejemplo: lo que hizo Rafael Franco en 1936 cuando la revolución febrerista: impuso al mercado jornadas laborales de 8 horas, eliminación del mensú (nada se paga con vales), vacaciones pagadas, descanso en los domingos. Algo que hoy en día nadie podría imaginarse, que no existía en el Paraguay hasta 1936. Un cambio radical. Un cambio rupturista.
Finalmente, lo grave no es que los mercados no funcionen bien. Lo grave es que el sistema político no funcione para corregir estos desequilibrios, que causan la desigualdad. Desigualdad y desequilibrios se retroalimentan. Para que los mercados funcionen bien debe haber normativas políticas claras e imperio de la ley (la Justicia) y al mismo tiempo, éstas deben ser respetadas.
Y para eso, es fundamental, que funcione una democracia que refleje el interés general, por encima de los intereses particulares.
Las elecciones del 2018 tienen la palabra.