Institucionalidad: Un Requisito para Acortar la Desigualdad y Combatir la Pobreza

Por ALEJANDRO PIERA VALDÉ
Guanes, Heisecke & Piera

En los últimos años el Paraguay ha experimentado un crecimiento macroeconómico sin precedentes. Ahora bien, esta bonanza no necesariamente se ha traducido en una mejora cualitativa ni cuantitativa para muchos connacionales. El país sigue siendo objeto de profundas desigualdades sociales y presenta niveles de pobreza que todavía son sumamente preocupantes. En este artículo, analizaremos las implicancias de la fragilidad institucional en el combate de estos dos problemas.
INSUFICIENCIA DE LA
BONANZA MACROECONÓMICA

Los números macroeconómicos de la economía paraguaya son impresionantes. En los últimos 10 años, el producto interno bruto ha crecido sostenida e ininterrumpidamente a un ritmo anual promedio de 4.5% – una tasa de crecimiento muy superior a la de países vecinos. La inflación no ha superado el 4% anual en los últimos 5 años. En el mismo período, las principales calificadoras internacionales han mejorado en forma sostenida la calificación del país, llegando incluso a situarnos cerca del afamado “grado de inversión.” Diversos organismos internacionales destacan el buen clima de negocios que goza el país.
Ahora bien, para la gran mayoría de los paraguayos la innegable bonanza macroeconómica no implica un cambio cuantitativo ni cualitativo en sus vidas. El efecto “cascada” no se produce. La gente con menos ingresos no resulta beneficiada. Dichos números no pasan de ser meras estadísticas abstractas que poco o nada dicen para el quehacer cotidiano del ciudadano. En América Latina, el Paraguay se destaca nítidamente por sus profundas desigualdades sociales. Aunque mucho se ha avanzado, la pobreza extrema continúa siendo alarmarte.
Existen varias causas que explican los niveles de pobreza del país y su alta desigualdad social. Al analizar tal situación, frecuentemente, los expertos destacan cuestiones históricas (e.g. guerras, conflictos bélicos), el modelo económico predominante (netamente basado en agro – ganadería), la ausencia de innovación, las falencias del sistema educativo, la galopante corrupción, la inestabilidad política y la ausencia de políticas públicas de largo plazo (e.g. políticas sociales). Es innegable que todos estos factores han contribuido notablemente a profundizar la pobreza y a expandir aún más la desigualdad social. Sin embargo, creemos que existe otro factor que no ha sido suficientemente analizado, pero que en el caso del Paraguay se erige en gran medida como responsable de estos dos problemas: la ausencia de institucionalidad.
ECONOMÍAS INCLUSIVAS E
INSTITUCIONALIDAD
En Why Nations Fail, Daron Acemoglu y James Robinson analizan las causas por las que las naciones no llegan a prosperar, o aquellas que, aunque han adquirido cierto nivel de desarrollo económico, lo pierden – caso típico de la Argentina, país que a inicios del siglo XX era toda una potencia económica pero que luego pasó a convertirse en una nación en vías de desarrollo. A los efectos de examinar el problema, los autores hacen un pormenorizado repaso de la literatura económica (e.g. hipótesis geográfica, hipótesis cultural, hipótesis de la ignorancia, factores religiosos). Aunque atribuyen cierta fuerza valorativa a estas diferentes teorías, para Acemoglu y Robinson el progreso de las naciones se debe más que nada a la capacidad de instalar una economía inclusiva que a su vez fomente y genere institucionalidad. Según estos autores el suceso económico de los países difiere debido a sus diferentes instituciones y a las reglas que influencian como la economía funciona y los incentivos que motivan a la gente.
Para Acemoglu y James Robinson, las economías inclusivas son aquellas que permiten y fomentan la participación de la población en todas las actividades económicas del país. Dicho sistema es caracterizado por el reconocimiento irrestricto de la propiedad privada, el respeto al Estado de Derecho, el aprovisionamiento de servicios públicos adecuados y por una fuerte institucionalidad. Las economías inclusivas fomentan la innovación y el desarrollo de las nuevas tecnologías. En contraposición se encuentran las economías extractivas. Ellas por lo general son orientadas al manejo de recursos naturales dominados por un grupo reducido de personas, donde los “contactos” (e.g. conocer o estar cercano a alguien con poder) es más importante que la propia generación de conocimiento intelectivo. Según estos autores, las naciones caen porque sus instituciones basadas en economías extractivas no generan los incentivos necesarios para invertir en innovación y porque la ausencia de institucionalidad se emerge como una barrera que acentúa la desigualdad social. La fragilidad institucional representa un obstáculo insuperable para las clases más desprotegidas, situación que es hábil y astutamente aprovechada por las élites económicas o los grupos de poder.
En la economía inclusiva el campo de juego se encuentra mucho más nivelado, por lo tanto, más personas tienen acceso a los beneficios económicos de todo el sistema. En este contexto, lo que se premia es la capacidad y la innovación. La existencia de mayor participación induce a un fortalecimiento institucional, ya que estas deben necesariamente velar por la tutela del verdadero interés público, que no necesariamente será el de los círculos de poder de turno. A mayor institucionalidad, menor desigualdad y por ende menor pobreza.
El modelo de la economía extractiva es siempre dominado y manejado por un grupo reducido de personas. Como las puertas se encuentran, por lo general, cerradas, lo que más importa es conocer a la persona indicada para intentar abrirlas. No todos tienen acceso a los círculos de poder. Lo más importante son los contactos, y no precisamente el conocimiento intelectivo. Lo que se busca es tener la venia del gobernante de turno para poder realizar una determinada transacción. El objetivo no es precisamente desarrollar capacidad inventiva para generar innovación. Para ilustrar este modelo, basta recordar cómo se generaron todas las grandes fortunas del Paraguay en época de la dictadura. En el modelo de las economías extractivas, las instituciones se debilitan ya que ellas responden en la gran mayoría de los casos a los intereses personales de los gobernantes de turno y a los grupos económicos. Conceptos como interés público, sana competencia en el mercado y bienestar del consumidor no forman parte del repertorio de dicho modelo económico.
EL PARAGUAY Y
LA INSTITUCIONALIDAD
Siguiendo el análisis propuesto por Acemoglu y Robinson, resulta claro que el Paraguay siempre se ha ubicado dentro del modelo de las economías extractivas. Esto quizás explique el bajo nivel de innovación que hemos alcanzado (e.g. no existen condiciones para su fomento y divulgación), la concentración de la riqueza en unas pocas familias, y la gran desigualdad social a lo largo de nuestra historia. Pero quizás lo más preocupante sea el paupérrimo nivel de institucionalidad. En gran medida, en el Paraguay las instituciones son sistemática y continuamente avasalladas por los diversos poderes del Estado. En los últimos años, hemos presenciado varios casos. Ahora bien, dichos actores políticos no son los únicos responsables de tal atropello. En realidad, la fragilidad institucional tiene responsables mucho más allá de la clase política. Resulta más que obvio atribuir cierta responsabilidad a los grupos económicos, los medios de prensa y a las logias. Sin embargo, lo que quizás no percibamos es que la debilidad institucional en muchos casos es el resultado del accionar propio de la sociedad en su conjunto. Siempre y cuando seamos nosotros los beneficiados, nos resulta mucho más fácil tomar atajos, sacar ventaja, recurrir a nuestros “contactos” y avasallar las instituciones.

No importan el método, las reglas ni los procesos. Lo que nos interesa es un resultado favorable de acuerdo con nuestros intereses sectarios. El gran problema radica en que al mantener el status quo y vulnerar nuestras instituciones en forma continua todos nosotros contribuimos significativamente a ensanchar la desigualdad y aumentar la pobreza – características esenciales de una sociedad extractiva. Precisamos un cambio de actitud como sociedad. La bonanza económica por sí sola no nos sacará del atraso. Esto es responsabilidad de todos y no simplemente de los actores políticos.

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