¿Jimmy Choo se vende? Carrie Bradshaw conoce a Gordon Gekko

Andrea Felsted
BLOOMBERG

Llamando a todas las adic­tas a los zapatos. Jimmy Choo Plc, fabricante del calzado que amaba Carrie Bradshaw, de “Sex and the city”, está a la venta.

 

A primera vista esto parece el comienzo de la tan men­tada fusión del mercado de artículos de lujo. Pero tiene más que ver con un cambio en las prioridades del accio­nista mayoritario de la mar­ca, JAB Luxury GmbH, que forma parte de la división de inversión de la multimi­llonaria familia Reimann.

JAB armó una cartera de alta gama hace unos cinco años a través de su subsidia­ria Labelux, incorporando al fabricante de zapatos Bally y la empresa de chaquetas y botas de cuero Belstaff.

Pero desde su incursión en la moda ha adquirido gustos más pedestres. Gastó casi US$ 30.000 millones en los últimos años en construir un rival de Nestlé SA en el sector del café, comprando compañías como DE Master Blenders 1753 NV, fabricante de Douwe Egberts, y Peet’s Coffee & Tea Inc. Hace pocas semanas acordó adquirir Panera Bread Co. por US$ 7.200 millones.

En la cartera solo hay es­pacio para una adicción. Los zapatos han tenido que irse. Choo está siendo desecha­da, junto con Bally Interna­tional AG.

MOMENTO OPORTUNO

El momento parece opor­tuno. Desde su debut en octubre de 2014, el precio de las acciones de Jimmy Choo fluctúa junto con el aumen­to y la caída de la demanda china de artículos de lujo. El último repunte se vio impulsado por la caída de la libra, que ha hecho que sus característicos stilettos resultaran más baratos para los visitantes del Reino Uni­do. También contribuyó un renacimiento del interés de los inversionistas en los productos de alta gama.

John Guy, analista de Mainfirst Bank, estima que Choo, que tiene una capita­lización de mercado de poco menos de 700 millones de libras (US$ 897,5 millones), está buscando un valor de alrededor de 1.000 millones de libras, o alrededor de 13 veces las utilidades de 2018 antes de intereses, impues­tos, depreciación y amorti­zación.

Pese a que el precio no es barato, podría atraer a los grupos de capital de riesgo, que están llenos de dine­ro en efectivo y carentes de objetivos. Ayuda que la compañía haya estado en esas manos antes.

Los argumentos a favor de una compra por parte de uno de los grandes grupos de lujo son menos claros. Estos, sin duda, tienen una gran capacidad para fusio­nes y adquisiciones, y una transacción sería fácil de digerir para firmas como Kering o LVMH. Pero ambas tienen otras prioridades: la primera se ha deshecho de activos de calzado, mientras que la segunda últimamen­te ha mostrado poco interés en las marcas tradicionales y prefiere empresas de ni­cho como el fabricante de maletas Rimowa. También quizá esté más interesada en expandirse en relojes y joyas.

CARTERA DE MARCAS DE LUJO

Choo podría encajar en la cartera de marcas de lujo “blando”, de Cie Financiè­re Richemont SA, pero esta probablemente esté más concentrada en lidiar con un difícil mercado suizo de los relojes. Eso deja a Coach Inc., que está creando una cartera de nombres de lujo y adquirió la empresa de zapatos Stuart Weitzman hace dos años. Pero hasta esa compañía tie­ne las manos llenas, ya que es uno de los pretendientes de Kate Spade & Co. No es fácil encontrar un comprador ob­vio.

De modo que los gigantes del lujo podrían seguir los consejos de Carrie Bradshaw. A ella le gustaba tener su di­nero donde podía verlo: col­gando en su armario.

Para las grandes empresas mundiales, el equivalente se­ría mantener seca su pólvora de fusiones y adquisiciones para poder llevarse lo que quieran cuando esté disponi­ble o cuando las valuaciones bajen respecto de los altos niveles actuales. A menos que aparezca un comprador de capital de riesgo de abultada billetera, Jimmy Choo podría quedar tan abandonado a su suerte como un stiletto en el desierto.