La parábola del hombre simple

Por Cristian Nielsen

Era un hombre simple, que sólo entendía de cosas simples. El amanecer, el maíz madurando, la vaca pariendo, la vida, la muerte. Un día su hijito cayó enfermo. Volaba de fiebre. Le dieron un termómetro y le dijeron: “Con esto sabrás qué temperatura tiene. Si pasa de 40 grados, podría morir”. Se lo puso una, dos, tres veces… y la fiebre no bajaba. Entonces, el hombre simple hizo lo único que pudo: rompió el termómetro. Es imaginable el destino de aquel niño desdichado.

El pasado mes de abril tuvimos por aquí muchos cultores de la parábola del hombre simple que rompió el termómetro. Gente grande, que parecía inteligente, no supo separar el termómetro de la fiebre y de las causas que la provocan. Más de dos millones y medio de paraguayos fueron a votar y decidieron. Esta vez quedó en evidencia que hay un núcleo creciente de ciudadanos que ya no acepta leprosos en las listas de candidatos. La segunda fuerza surgida en legisladores por Asunción es un  mensaje directo a las “élites” que creen poderlo todo y que tiraron del cordel más de lo que el cordel podía aguantar. Tan insoportable era el hedor que emanaba de algunas listas de aspirantes a diputados y senadores que hizo salir de la tumba a un partido que su fundador había dado por muerto y sepultado. Pero hubo hombres (y mujeres) simples que no entendieron lo que el termómetro les indicaba e hicieron lo único que supieron, gritar “fraude”.  Ahora, con un difunto entre los brazos, se preguntan qué pasó. Tarde.