La suscripción de riesgos en el Seguro

Una de las funciones más impor­tantes de una Compañía de Segu­ros consiste en obtener un cierto número de contratantes que le permitan operar adecuadamente. Dicha función, que en una Compañía de Seguros se denomina producción, corresponde a la función de “venta” en una firma industrial. El termino producción es apropiado para el seguro porque el acto de vender una póliza de seguro es producción en su verdadero sentido. El seguro es un producto/servicio intangible y no existe en la realidad hasta que se contrata una póliza.

La mayor parte de los aseguradores tra­bajan a través de un sistema de Agencias, Agentes o líneas Directas de ventas, des­empeñando la tarea de producción. Para un asegurador comercial es necesario este sistema porque sin un eficaz criterio de ventas sería difícil, si no imposible, garan­tizar el volumen necesario de producción que permita operar con éxito “la ley de los grandes números”. Además, sin un volu­men de producción suficientes el gasto por póliza sería probablemente muy elevado arrojando resultando técnicamente nega­tivos.

Pero tras la línea de producción se encuen­tra otra de mucha importancia y se trata de la suscripción. Es la actividad necesaria para seleccionar los riesgos que se ofrecen al asegurador de forma que se cumplan los objetivos de la misma. Así los canales de venta presentan las solicitudes pero es el “suscriptor” el que finalmente selecciona las opciones de cobertura y decide su po­sible aceptación o no. Aquí juega un papel importante los Agentes y Corredores ya que estos conocen la política de suscrip­ción de las aseguradoras y constituyen un filtro en la selección de riesgo, además del asesoramiento mismo que les brinda a los asegurados. Por eso estos son también co­nocidos como suscriptores.

La negativa de asumir el riesgo, implica comunicar al asegurado dicha decisión sin responsabilidad para ninguna de las partes ya que “…La propuesta del contrato, cualquiera sea su forma, no obliga al ase­gurado ni al asegurador. La propuesta pue­de subordinarse al conocimiento previo de las condiciones generales…” (2do, párrafo del artículo 1.548 del Código Civil). Inclu­sive aun habiéndose emitido la póliza, “…cualquiera de las partes tendrá derecho a rescindir el contrato sin expresar causa…”. y, “…en el caso de que el asegurador ejerza esta facultad, deberá dar un preaviso no menor de quince días y reembolsar la pri­ma proporcional por el plazo no corrido…” (2do.parrafo, artículo 1.562 del Código Ci­vil)

De esta forma, la tarea de suscripción, es básicamente analizar las tarifas en relación al riesgo a cubrir, y al aceptar un riesgo su­pone que se encuentran nivelados ambos conceptos. Las primas deben ser suficien­tes para soportar un riesgo específico. Para ello, el suscriptor debe contar con la mayor información posible, y cuanto más grande es el riesgo a cubrir, más información es necesaria. De ahí la importancia del Ins­pector de Riesgo o del Servicio de Riesgo que realizan una evaluación integral del mismo con mayor exactitud y en términos conocidos por el asegurador a través de la inspección.

En el caso del seguro de vida, el suscriptor debe poseer una técnica muy especiali­zada para resolver los diversos problemas matemáticos que encara el asegurador, de­nominados actuariales, analizar las tablas de mortalidad para poder calcular a valor presente la prima suficiente en el largo pla­zo para riesgos de 5, 10, 20 o más años.

Finalmente el suscriptor, una vez acep­tado el riesgo traslada la propuesta al de­partamento de emisión de pólizas para su construcción o redacción adecuando toda la información posible obtenida al modelo de standard de clausulados y condiciona­dos debidamente registrados en la Super­intendencia de Seguros.

Por tanto, es importante que el solicitante o asegurado prevea al Agente, Corredor o productor, toda la información posible del riesgo para que el suscriptor pueda anali­zar correctamente y a su vez es importante que el asegurador baje a la póliza dicha información con redacción clara y legible lográndose así un perfecto equilibrio con­tractual entre asegurado y asegurador.