SOMOS VÍCTIMAS DEL ÉXITO

Cuando se constituyó en 1991, el Mercado Común del Sur estableció “la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, a través, entre otros, de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías y de cualquier otra medida equivalente”.

También buscaba la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales en materias como comercio exterior, agro ganadería, industrias, política fiscal, monetaria y de capitales y otras que aseguren condiciones adecuadas de competencia entre los estados partes”.

Seis años después, el país puso en vigencia una ley de maquila que permite realizar procesos industriales incorporando mano de obra y otros recursos nacionales, para transformar, elaborar, reparar o ensamblar “mercancías de procedencia extranjera importadas temporalmente a dicho efecto para su reexportación posterior”.

Tributo único para ese proceso, 1% sobre el valor agregado. Esto, más la baja presión tributaria, una legislación laboral liviana y salarios manejables volvió al Paraguay un lugar atractivo para invertir, en especial a empresas brasileñas agobiadas por un régimen totalmente inverso. En los últimos 5 años, la maquila ha crecido a paso redoblado, lo que ha hecho saltar en el Congreso de Brasilia una válvula de seguridad. Tan exitosa la ven, que hasta la zona franca de Manaos estaría en riesgo. “Si no paramos esto –advertía un senador- mucho trabajo brasileño seguirá yéndose al Paraguay”. Y proyectan imponer cupos a las importaciones de productos terminados en el Paraguay bajo este sistema.

¿Y el Mercosur? Una vez más, bien gracias.