Terminal de ómnibus, en estado terminal

 

Quien llega a Asunción en transporte colectivo recibe una primera impresión de desidia e irrespeto al pasajero. La terminal de ómni­bus, que alguna vez lució como tal, es hoy un barracón sucio, desor­denado, sin servicios higiénicos dignos de llamarse tal y ni qué hablar sobre la posibi­lidad de tomar un café o comer algo decente.

A esto se agrega el “decorado” extra que le dejó un incendio que consumió una buena parte de la planta alta del edificio… ¡hace un año y medio! Los pasajeros que llegan y los que van a abordar son acosados por toda clase de ven­dedores de baratijas, lustrabotas y otros servicios no solicitados.

Asientos incómodos, in­suficientes, ruido, calor, frío, mugre y desorden rodean al viajero que debe asumir como un cal­vario todo ese viacrucis.

Tan grave es esto que unas 75 empresas que allí operan hicieron una pro­testa contra la adminis­tración dejando de entrar a la estación y atendiendo a los pasajeros en la calle.

Un delirio. Es imaginable el caos en el tránsito, la incomodidad para los viajeros y el des­control absoluto sobre esas operaciones.

Desde luego que aquellas empresas que centran su negocio en la calidad de su servicio reciben a sus pasajeros fuera de ese infierno. Una de las más tradicionales, ubicada a pocos metros, ofrece un amplio salón VIP con aire acondicionado, estacionamiento, PCs con internet, wifi, despacho de equipaje, cafetería, sofás y televisión HD. Con ello buscan reducir al mínimo la exposición del cliente al clima de caos e inseguridad de la terminal municipal.

Alguna vez quienes administran el municipio entenderán que una terminal de ómnibus –al igual que un aeropuerto-no la administra cual­quiera. Es para expertos. Es hora de que se hagan a un lado y abran espa­cio a los que saben.