Un buen regalo

POR STEPHANIE HOECKLE
DIRECTORA DE OUI OIU
STEPHANIE@ AGENCIAOUIOUI.COM

El pasado fin de semana, intentando ordenar agendas, fotos y recuerdos que voy acumulando con los años, redescubrí una frase que había escrito en un cuaderno de apuntes como un legado de una jefa que tuve en mis inicios en la publicidad y las relaciones públicas, cuando vivía en el extranjero.

“Dar un cumplido en la oficina es como hacer un buen regalo”, decía ella. No la recuerdo, precisamente, como una persona halagadora. Por el contrario, era muy exigente con su equipo y consigo misma. Trabajábamos bajo presión y siempre recibíamos su feedback, lo hiciéramos bien o mal.

Pero si había algo digno de elogiar era la primera en reconocer la labor de sus colaboradores. Nos hacía fiesta, esbozaba su mejor sonrisa, transmitía entusiasmo y decía palabras tan oportunas que en algún momento pensé que las tenía estudiadas. Un día me animé a consultarle: “Tus felicitaciones son tan motivadoras, ¿cómo hacés para lograrlo?”. Ella reflexionó unos instantes y soltó esa frase que terminé registrando.

QUE SEA PERSONALIZADO
¿Qué hay detrás de un buen regalo? Cuando uno va a elegir un obsequio para alguien, en primer lugar piensa en algo que sea del agrado del destinatario, lo que supone que conoce sus gustos. De la misma manera, quien va a reconocer a una persona por un trabajo bien hecho debe ser capaz de prestar atención a cómo es, qué hizo y qué resulta relevante para ella. Eso le ayudará a elegir las palabras que a ese colaborador le gustaría escuchar a la hora de expresar su aprecio y gratitud. Porque decir frases trilladas no aporta. Además, el mensaje tiene que ser positivo para que tenga un efecto transformador. Si un jefe le dice a su equipo:

“Pensé que no podían lograrlo, pero me sorprendieron”, en definitiva, está dando un mensaje negativo, ya que afirma que no tenía confianza en su gente.
Así como seleccionamos el contenido para un obsequio, también cobra importancia su envoltorio, lo que en el trabajo podría traducirse como la actitud que asumimos ante los demás.

No solo pesa lo que uno dice, sino cómo lo dice. Aunque el mensaje que estemos expresando tenga las más hermosas palabras, si nuestro lenguaje corporal no las acompaña (estamos apurados, pendientes del celular, miramos el piso o hablamos con desgano) no habrá conexión con los demás y la comunicación será poco efectiva.

El momento en que regalamos también es clave. Prometer que más adelante traeremos un obsequio cuando el cumpleaños de una persona es hoy no tiene el mismo impacto. La situación es similar en una oficina: una felicitación debe hacerse inmediatamente para que tenga relevancia y necesita ser extraordinaria, porque si se hace parte de lo cotidiano, perderá fuerza.
QUE SEA SINCERO
En una ocasión un colega me comentó que aplicaba la estrategia de los japoneses con su equipo: “Si el jefe no les llama la atención, es porque sus colaboradores están haciendo bien su trabajo”. Además, él evitaba dar elogios, porque cada vez que destacaba un logro, inmediatamente había personas que se relajaban o que le pedían algún premio o beneficio. Cada líder conoce a su gente y sabe cómo manejarse, pero está demostrado que de este lado del planeta apreciar el desempeño de los demás genera un clima laboral más agradable y comprometido. Ahora bien, dar ese reconocimiento pierde valor si se hace solo por compromiso, porque lo practican los demás o porque está de moda. Entonces, se finge algo que no es real y con seguridad los demás se darán cuenta.

En la medida que seamos honestas con nuestros sentimientos y pensamientos, más confianza generaremos. Por lo tanto, si vamos a felicitar que sea con sinceridad. Tan importante como el que reconoce es el reconocido. Si te toca recibir un elogio en tu trabajo, no caigas en la falsa modestia diciendo que “no fue nada” o que “la tarea encomendada era demasiado sencilla”.

Tampoco es aconsejable hablar con detalles del gran esfuerzo que significó cumplir con esa labor. Una sonrisa y unas sinceras palabras de agradecimiento bastarán para retribuir ese regalo tan preciado.