Árabes, israelíes y el “vals de la embajada”

El “vals de la embajada”, un ensayo de realpolitik que no parece estar saliendo demasiado bien. Lo comprobaremos a lo largo de los próximos meses

Israel ha estado, durante los últimos años, entre los principales compra­dores de carne bovina del Paraguay. No es una cantidad muy grande pero hasta ahora, es una demanda firme.

Los países árabes –o mejor, musulmanes- tam­bién son buenos clientes y han estado extendiendo sus compras a carne de ave, menos “impura” que la de vaca o de cerdo. La importancia de estas relaciones comerciales está marcada por los métodos que los frigorífi­cos nacionales han estado adoptando para poder entrar a ambos mercados.

Para Israel, el sacrificio de animales debe hacerse bajo el rito “kosher” o matanza ritual autorizada por un rabino y que debe observar condiciones de mínimo sufrimiento para el animal y un sangrado profundo y completo de la res.

Para el envío de carne a las naciones musulmanas debe emplearse el rito “halal”, bastante similar al anterior pero ajustado a la sharía o ley islámica. Aunque se sepa poco sobre estas condiciones aplicadas en frigoríficos paraguayos, su vigencia indica la importancia que la cadena de la carne bovina le asigna a los mer­cados israelí y musulmán.

Desde hace tres años, Qatar Airways, rankeada entre las primeras diez compañías aeroco­merciales del mundo, sirve cortes Premium de carne paraguaya. Egipto, Líbano y Siria son clientes habituales y se espera que muy pronto se sume Irán. Con Israel, las relaciones son más equilibradas, ya que nos compra, además de carne, soja y carbón vegetal. Israel es además un buen socio cooperativo aportando tecnología de riego y de energías alternativas.

Todo esto, y mucho más, está en juego con este “vals de la embajada”, dos pasos adelante y uno atrás, hoy Tel Aviv, mañana Jerusalén y de vuelta Tel Aviv. Un ensayo de realpolitik que no parece estar saliendo demasiado bien. Lo comprobaremos a lo largo de los próximos meses.

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