AUTORREGULACIÓN: VALOR MANEJANDO EL ECOSISTEMA EMPRESARIAL

Hoy las empresas mo­dernas operan en un ecosistema comer­cial progresivamente complejo, particularmente en lo que hace a medidas de pro­tección contra la corrupción, al medioambiente, la salud y la seguridad ocupacional, políticas tecnológicas y responsabilidad social corporativa. En el marco comercial actual la superviven­cia a largo plazo depende de la habilidad de mantenerse a la altura de las expectativas de los inversionistas y otras partes in­teresadas (stakeholders) en lugar de simplemente operar mejor, logrando un virtuoso equilibrio entre el mercado, el Estado y la sociedad. El éxito depende de aprender a reconocer y respon­der a los cambios en el ecosiste­ma comercial. No obstante ello, solemos estar acostumbrados a que sea el Estado quien a través de normas resuelva los graves problemas que nos aquejan, e in­cluso usual achacar a las normas malas la culpa de nuestras pro­pias incapacidades, negligencias y omisiones. Ahora, sin embargo, se presta más atención a las for­mas en que las empresas respon­den a los cambios en el ecosiste­ma comercial para crear valor, lo cual puede lograrse mediante la autorregulación. Veamos de que se trata esto y como puede ayu­dar a su empresa.

1.¿Qué es la Autorregulación?

Entre otras cosas vivir en socie­dad requiere de reglas o normas, que por lo general las dicta el Es­tado, como titular del monopolio constitucional del ejercicio del poder público. Ahora, muchas veces las normas públicas están desfasadas, son inadecuadas y están pobremente redactadas, lo cual crea una zona ambigua entre que es una obligación y que una mera practica discrecional. Para lidiar con esta incertidumbre las empresas pueden recurrir a prác­ticas socialmente responsables que van más allá de la letra de las normas a través de la autorregu­lación, particularmente en áreas como la protección contra la co­rrupción, el medioambiente, la salud, la seguridad ocupacional, políticas tecnológicas y respon­sabilidad social corporativa.

La “Autorregulación Corpora­tiva” se refiere a la práctica a la que una empresa puede recurrir para regular las operaciones de su giro tanto como los estánda­res de conducta y de negocios de sus integrantes, representantes y colaboradores mediante normas elaboradas por ella misma, por un gremio al que pertenece, o por organizaciones de estandari­zación independientes, sin la in­tervención coercitiva de terceros como el Estado u otros actores externos, apuntando a proteger a sus inversores, otras partes in­teresadas y el público en general.

La autorregulación tiene la par­ticularidad de no ser una impo­sición coercitiva externa de un ente superior, como el Estado con sus leyes y normas, sino que es una carga voluntaria que la empresa asume sin estar obliga­da a ello, para imponerse tanto a sí misma como a sus integrantes y colaboradores estándares más elevados que los de las normas estatales.

  1. Mecanismos para Imple­mentar la Autorregulación

Existen varias formas median­te la cual una empresa puede materializar su compromiso de autorregulación, como: códigos de ética o conducta; códigos deontológicos; políticas de buen gobierno corporativo; patrones voluntarios de estandarizadoras; códigos de buenas prácticas; o acuerdos sectoriales.

Así, tenemos que un código de ética o conducta es un docu­mento que detalla la política, los valores y los principios en que se inspira el comportamiento de una empresa, sus integrantes y colaboradores, de cumplimiento obligatorio para éstos en lo que atañe al desarrollo de su giro, sus recursos humanos, su gestión medioambiental y a su interac­ción con los consumidores, los clientes, los gobiernos y las co­munidades en las que la empresa desarrolla su actividad.

Por su parte, los códigos deon­tológicos son documentos que tienen los deberes o estándares éticos propios del ejercicio de de­terminada profesión o actividad, como sería el caso de los abo­gados, los médicos y otros. Sin embargo, en Paraguay hay pocos códigos deontológicos a los que una empresa puede adherirse.

A su vez, las políticas de buen go­bierno corporativo detallan una serie de prácticas consideradas adecuadas y eficientes para los administradores y colaborado­res de una empresa, particular­mente en asuntos vinculados a responsabilidad, integridad y transparencia, tanto como para el desarrollo de las relaciones de administradores y colaboradores entre sí y con todos aquellos que invierten recursos en la empresa, como accionistas y acreedores. En los mismos puede incluirse referencia a estándares sobre uso de herramientas tecnológicas o seguridad ocupacional.

Asimismo, una cuarta forma de autorregulación es la adheren­cia de una empresa a patrones internacionales de estandari­zadoras independientes para ciertos temas puntuales, como los estándares de la Organiza­ción Internacional de Normali­zación, o ISO, que fijan patrones internacionales por ejemplo en temas de calidad, protección al medio ambiente, responsabili­dad social empresarial y otros, en relación a los cuales es nece­sario pasar por auditorías para obtener y mantener las certifi­caciones.

Finalmente, las empresas inte­grantes de un mismo grupo o gremio, como por ejemplo los supermercados, las maquila­doras, las comercializadoras de domisanitarios y otras, pueden autorregularse mediante acuer­dos sectoriales obligatorios para sus adherentes.

3.Beneficios de la Autorregulación

 

Como mediante la autorregulación las empresas asumen voluntariamente compromisos respecto al mantenimiento de ciertos estándares aplicables al desarrollo de su actividad, que incluso superan los umbrales de las normas positivas, esto les permite mantener un control sobre el efectivo cumplimiento y mejora de dichos estándares, que aparte de proyectar una imagen de solvencia, seriedad y honestidad, ofrece una considerable ventaja competitiva en relación a otras empresas que actúan en el mismo giro. Precisamente, la habilidad de moldear normas, estándares y creencias en el marco de un segmento particular, diferencia positivamente a una empresa de sus competidores. Además, la autorregulación nutre valores compartidos, cultiva un sentido de propiedad y participación en la toma de decisiones, y facilita un cumplimiento voluntario de las reglas resultantes, lo cual puede reducir gastos en concepto sanciones, como multas, pues al ser los estándares asumidos más elevados que los de las normas públicas se reduce su riesgo de violación en el desarrollo del giro.

 

Además, la proyección de una imagen de solvencia, seriedad y honestidad por una empresa de un sector determinado, como el financiero, agropecuario u otro, afianza la reputación general del sector involucrado, lo cual a su vez disminuye el riesgo de críticas de grupos de presión que eventualmente pueden llegar a influir en las autoridades y resultar en un aumento de requerimientos regulatorios.

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