¡Basta de privilegios!

Por Benjamín Fernández

 

Una condecoración que lleva el nombre de COMUNEROS tiene que tener un notable impacto para quienes la otorgan y para quien la recibe. Lo hago en nombre de millones de paraguayos hastiados de una justicia complaciente con un sector político que no termina de entender el sentido del Estado de Derecho y la importancia del respeto a la Constitución que lo enmarca. La misma de la que fui uno de sus redactores en 1992, pero jamás imaginé que debiera ser defendida con tanta valentía y coraje ante los intentos violatorios de quienes no logran entender aún el sentido de ser mandatarios. Rembijokuai en nuestra lengua guaraní quiere decir estar atado a los mandatos de los mandantes. Este mismo pueblo que desprecia claramente que no se puede vivir en una República donde los privilegios para unos pocos amenazan con establecer un gobierno de castas y no de iguales como proclamaron los comuneros en esas fechas augurales de la independencia americana. Nuestra democracia se defiende hoy en las barri­cadas de la dignidad y el sentido común.

La sociedad paraguaya que vive por pri­mera vez una larga experiencia en esta democracia imperfecta anhela la liber­tad que otorga el fin último de este régi­men político: dignidad. Requerimos re­conciliarnos con la honradez, con el “che mborariahu pero che delicado” (soy po­bre pero honrado), con los valores sobre los cuales se sostiene la identidad de un pueblo al que intentaron acabar alguna vez pero no pudieron. El sello identitario de nosotros es volver a ser simples, hon­rados y lógicos interpretando el deseo de los mandantes hacia los mandatarios.

Basta de privilegios, de absurdas inter­pretaciones jurídicas, de manipulación constitucional y de creer aún algunos que pueden burlarse inmisericordemen­te de este país de gente decente, proba y capaz.

Hagamos de la educación el objetivo de todos para no lamentarnos de las políticas y políticos que padecemos. Un pueblo con educación sabe elegir y no se conforma solo con votar. Premia y condena. Discrimina con propiedad y enriquece la República. Somos lo que hacemos o dejamos de hacer con la edu­cación.

Si los COMUNEROS estuvieran aquí con nosotros hoy no abandonarían sus postulados ni dejarían de presionar al rodeado Cabildo para que la democracia paraguaya se reconcilie con la dignidad que todos ambicionamos. Y estoy seguro gritarían a coro: ¡basta de privilegios!

¡Viva el Paraguay!

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