Cómo quiero que me vean y me traten

POR STEPHANIE HOECKLE
DIRECTORA OUI OUI
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Aunque en general me parece una mujer interesante, encantadora y hasta admirable por su enorme capacidad de trabajo, la conductora argentina de televisión Mirtha Legrand es la autora de una famosa frase, repetida por todos, que, sin embargo, a mí me produce un gran rechazo: “Como te ven, te tratan: si te ven mal, te maltratan; si te ven bien, te contratan”.

¿Por qué? Porque pareciera que nos condena a los prejuicios que los demás se han formado sobre nosotras; que si no respondemos a los patrones de lo que queda bien o está bien, no nos tendrán en cuenta. Mi experiencia como profesional y lo que he observado a lo largo de mi carrera y las de otras personas con quienes me relaciono es que cada persona es responsable de sí misma y de la imagen que proyecta. En mi opinión, no se trata de preguntarse cómo me ven los demás sino de decidir cuánto de mí quiero que vean, cuánto de mis sentimientos, de mis aptitudes y de mis actitudes.
Cuando tenemos un acontecimiento familiar importante, una cita con alguien especial o una entrevista de trabajo, generalmente ponemos especial esmero en la elección del atuendo, los accesorios y el peinado. ¿Por qué lo hacemos? Porque queremos que se noten nuestros sentimientos (lo mucho que nos importa el encuentro o la otra persona) o porque deseamos que nuestra apariencia impecable refleje, en lo posible, nuestras habilidades y preparación para un cargo.

TOMEMOS EL PELO
Una amiga, escribana muy prestigiosa, me comentaba un día que le gustaba lucir la melena semicorta con un brushing perfecto de lunes a viernes, pues la hacía sentirse más formal que cuando llevaba el pelo naturalmente ondulado suelto o sujeto con una cola de caballo alta. Es una profesional con mucha experiencia, muy responsable —lo que solemos decir seria—, que quiere que sus clientes la encuentren siempre con el mismo look, sin novedades, sin sorpresas. Ella piensa que si su profesión requiere ofrecer confiabilidad, su aspecto debería transmitir la idea de algo agradable e invariable.
Otro caso que me viene a la mente es el de algunas mujeres que trabajan en agencias de publicidad. Puede parecer una generalización, pero conozco a varias creativas y agentes publicitarias que, casualmente, siempre llevan el corte de moda y la ropa un poquito fuera de lo común, como mostrando con su propia apariencia su carácter innovador, al tanto de las tendencias, moderno.
Una experimentada profesora de portugués, que prepara a profesionales que aspiran a seguir sus estudios de postgrado en el Brasil, me habló un día sobre la importancia de la apariencia en un docente. «No tiene que haber nada en vos que pueda distraer al estudiante», me explicaba. Mencionaba lo neutral pero elegante y sobria que debía ser la ropa que usara en clase, y le dedicaba un comentario aparte al peinado: para ella, era muy importante tener el rostro bien despejado, con el pelo recogido y sin un flequillo que lo cubriera. Esto se debía, me dijo, a que el alumno debía poder mirarla al rostro, concentrarse en el mensaje, comprender con claridad lo que le decía y tratar de imitar la pronunciación. Y agregaba algo: «Es importante también usar un poquitito de maquillaje, tratar de lucir lo mejor posible, para hacer más agradable el momento de la clase».
BAJO CONTROL

Volviendo a la idea de Legrand, y contradiciéndola, propongo que tomemos nuestra imagen bajo control, no dejemos que los demás se hagan una idea errada de lo que somos sin conocernos. Y por tomar la imagen bajo control quiero decir que intentemos reflejar lo que llevamos dentro, nuestras aptitudes personales, nuestros conocimientos y habilidades, nuestros sentimientos.
No hay suficiente espacio en esta columna semanal para referirnos a todo lo que hace al aspecto. Pensemos, por ahora, solo en el pelo, el peinado. ¿Tenemos el cabello enrulado, lacio, abundante, escaso, negrísimo, entrecano, rojo? Nada de eso importa. ¿Somos eficientes, rápidas, tenemos ideas originales, sabemos seguir instrucciones, nos resulta fácil liderar un grupo…? ¡Eso sí es significativo! Entonces, busquemos transmitirlo con un peinado cómodo, práctico, el pelo limpio y cuidado, y un corte actual o clásico (según el caso).
¿Debemos inspirar confianza, libertad, alegría, creatividad…? Frente al espejo, con Instagram o Pinterest a mano o con la ayuda de un estilista, informémonos sobre formas de llevar el cabello que comuniquen exactamente eso. Que todos puedan ver, al mirarnos, la riqueza que llevamos dentro y nos traten como nos lo merecemos.

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