Corrupción, tema espantavotos

La última versión del Índice de Per­cepción de la Corrupción dado a cono­cer por Transparencia Internacional nos mantiene en el último decil de la tabla en donde compartimos lugares con México, Haití y Venezuela.

¿Sirve para algo este indicador? Si sólo va a ser útil a los que se regodean con ocurrencias tales como “adivi­nen cuál es el país más corrupto…”, sólo serviría para la autoflagelación.

En cambio, si se toma como herra­mienta de trabajo para articular una política coherente en acción de go­bierno, entonces sí podríamos hablar de un paso positivo en la dirección correcta.

El problema es que para hacerlo, hace falta no sólo voluntad política por parte de los gobernantes sino también compromiso de la sociedad víctima de los efectos letales de la corrupción. Cuando Horacio Cartes hacía carrera hacia la Presidencia de la República, la presentación de su Plan de Gobierno 2013-2018 no te­nía, en ninguno de los 62 gráficos de su presentación, una sola frase que describiera algo parecido a un plan de lucha contra la corrupción.

En su acción de Gobierno, eso está quedando plenamente demostrado. Lo malo es que ninguno de los dos candidatos en carrera para asumir en agosto próximo muestra el menor síntoma de mejorar esa realidad. Los cinco primeros ejes enunciados por el candidato aliancista son tierra, ni­ñez, educación, género y energía. En ninguno de los demás asoma siquie­ra una mención al tema corrupción.

Al candidato colorado no le va mu­cho mejor. En sus presentaciones públicas habla de una nueva visión de Estado, de seguridad ciudadana, de imperio de la ley, de educación de calidad pero tampoco ofrece, como tema prioritario, nada parecido a un diseño básico de lucha orgánica y transversal contra la corrupción.

En cuanto al compromiso ciudadano, el panorama es distinto. Las medi­ciones realizadas por la consultora Latinobarómetro (2011-2015) indi­can un crecimiento sensible de la conciencia ciudadana de denuncia de actos corruptos que la tocan de cer­ca, por ejemplo, el pago de coimas a agentes públicos.

El instituto AméricasBarometer da una vuelta de tuerca y agudi­za el análisis, informando que en el Paraguay, por ejemplo, crece el apoyo ciudadano a lo que define como “vigilantismo”, un concepto derivado de esta pregunta: ¿Cuánto aprueba o desaprueba Ud. que las personas se tomen la ley en sus propias manos cuando el gobier­no no castiga a los criminales? En el Paraguay, esta variable tiene sus fundamentos en conceptos como “ausencia de Estado” (caso EPP) y en los crecientes “arrestos ciu­dadanos” que se multiplican ante la proliferación del raterismo, los asaltos y la corrupción policial y judicial generalizada.

“Los países que priorizan la lucha contra la corrupción y crean políticas nacionales a través del consenso y la participación pública y política, es­tán mejor posicionados para dar un salto cualitativo significativo” señala el informe 2017 de TI. Y agrega: “Los candidatos y los partidos políticos tienen una oportunidad importante de incluir fuertes componentes anti­corrupción en sus propuestas y pla­taformas electorales para promover el cambio estructural”.

Ya hemos visto que en la campaña actual, el tema corrupción es prácti­camente ninguneado por los princi­pales candidatos. Los resultados son previsibles.

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