DUERMAN BIEN SI PUEDEN, SEÑORES DIPUTADOS

La aplicación tiene un nombre complicado, pero podría definirla así para hacer esto más simple: es el “Uber de los hoteles”. En alguna parte está el cerebro del sistema que va registrando, por ciudades, a candidatos a hospedar gente. Son casas particulares a las que les sobra alguna habitación y que puedan rentarla a viajeros ocasionales. Cumpliendo una serie de requisitos, el “hotelero” entra en el circuito y queda habilitado para integrar un directorio en el cual el viajero busca su oportunidad de acuerdo a su plan de gastos. Ya son numerosas las ciudades que ofrecen esta alternativa de hospedaje que abarata notablemente los costos de unas vacaciones o de un viaje de negocios. Hay ciudades, entre ellas Nueva York, que han prohibido este sistema y otras que les imponen limitaciones. Los argumentos son muchos: falta de registro de pasajeros, pólizas de seguro, pago de tributos, normas de incendio, sanidad, etc. Pero esto no ha disuadido a los frecuentadores de este nuevo negocio y, antes que retroceder, está avanzando en todo el mundo. Exactamente igual que el servicio Uber de los taxis y remises, en guerra con los servicios tradicionales.

Algo es innegable. La irrupción de las aplicaciones ofreciendo oportunidades de negocios es indetenible. Quizá se la pueda frenar por algún tiempo. Pero, ¿cómo frenar para siempre un cambio?

También podría gustarte Más del autor