Educación Financiera

La necesidad de mejorar nuestro sistema de formación y educación financiera representa un importante desafío para el Gobierno entrante.

POR EMILIANO ESTIGARRIBIA CANESE
Analista Económico

Los estudios que hacen al nivel de edu­cación en nuestro país presentan cifras realmente preocupantes, ubicándonos el puesto 124 de 137 países de acuerdo al reporte anual de Competitividad publicada por el Foro Económico Mundial (WEF).

Entre las cifras más alarmantes, tene­mos casi un 60% de estudiantes que no culminan la Educación Media, un 85% de deserción escolar entre los 15 y 17 años de edad, y un 90% de niños y jóvenes escolarizados que no logra niveles óptimos de aprendizaje. Naturalmente si el nivel de preparación escolar básico es precario, esto traerá consecuencias negativas especialmente en el mercado financiero.

¿Cómo manejamos nuestras finanzas? ¿Cuál es el criterio que adoptamos al momento de analizar alternativas de inversión? Actualmente la mayoría de las instituciones de intermediación financiera se ven obligadas a invertir fuertemente en sus sectores de cobranza, análisis y riesgo crediticio, buscando frenar el impacto que causa el aumento de la mora, específica­mente en las previsiones de dudoso cobro.

Al cierre del mes de junio la tasa de morosidad bancaria fue del 3,14%, y en financieras del 5,78%, la cual muestra una tendencia creciente motivo por el cual se debería ir rediseñando el con­cepto de crédito, apuntando hacia la mejora de la “educación financiera”.

Existen muchos microempresarios que pre­sentan altos niveles de ingreso pero no son sujetos de crédito, pues en pocas palabras están “sobreendeudados”, y probablemente no se dieron cuenta de su situación sino hasta recurrir a su entidad financiera.

Insistimos pues en que toma de decisiones debe ser hecha de una manera “racional”, con conocimientos de campo, y evitando todo tipo de emoción que lo lleve a tomar decisiones más bien “irracionales”.

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