El relativismo jurídico

Opinión | Héctor Sosa Gennaro| Socio del Club de Ejecutivos

El vivir en democracia trae consigo una serie de efectos colaterales en el comportamiento social, con el agregado de la relajación de las costumbres y las nuevas tendencias e ideologías de las más variadas que inundan las sociedades en el mundo. El problema que se suscita en el ámbito jurídico es que el principio latino de dura lex, sed lex, es bastante limitado en cuanto a la interpretación de las cuestiones que están contempladas en las leyes. En efecto, la traducción de esta terminología significa: “la Ley es la Ley”, con el agravante que nuestro sistema jurídico utiliza el sistema tradicional de interpretación, o sea que la interpretación de la ley no debe hacerse en forma extensiva, sino circunscribirse a lo que ella dicta. Aristóteles sostenía que el derecho debía ser considerado como un producto del medio físico y social y no como un producto fósil invariable, asentando de esta forma las bases del relativismo y el paralelismo que existe en las instituciones jurídicas. Por su parte, Montesquieu en su De l´Esprit des Lois, afirmó que correspondía al legislador acomodarse al espíritu de la nación, demostrando entonces que las leyes responden a un mandato social, de hecho este último pensador es considerado como principal precursor de esta tendencia.
Definitivamente, la ciencia jurídica está orientada a captar e interpretar la realidad y las necesidades del ámbito dentro del cual van a tener vigencia las leyes, pero no se debe confundir que los encargados de hacer cumplir las normas no tienen la potestad de interpretarlas a su antojo o relativizar el alcance de lo que ellas dictan. Esta cuestión es muy notable en la falta de seriedad de algunos jueces, que ante la evidencia de la promoción de un incidente en un juicio dan, sin ningún fundamento, curso al mismo, colaborando de esta forma con la morosidad judicial, y prolongando el calvario de la persona que se ve injustamente afectada por una demanda. La aplicación subjetiva de la ley por parte de los jueces crea un estado de indefensión grave y perverso, que tiene como consecuencia el descrédito de los ciudadanos en cuanto a impartir justicia.
Esta es una cuestión muy frecuente en los países en vías de desarrollo, con la grave influencia populista, que crea inclusive una suerte de presión en los que deben aplicar justicia, relajando de esta forma el peso de la ley ante los que la violentan. Es necesario entender que si bien es cierto que se sostiene el concepto de invariabilidad de la norma, la misma una vez que está vigente, desde su promulgación, es de cumplimiento obligatorio, ya que no puede ser cuestionada so pena de incurrir en desacato, con las consecuencias que ello implica. El permanente factor de la falta de cultura o conocimiento de la ley lleva también a una situación muy particular en nuestro país. Y es el sentido de que el ciudadano “solo tiene derecho”, haciendo caso omiso a la contrapartida inmediata del derecho que son las obligaciones. Debe existir igualdad y paridad entre lo que se da y lo que se recibe. Es importante diferenciar y respetar el valor subjetivo que las personas otorgan a ciertas situaciones respecto a lo que la ley manda. De hecho, en las cuestiones humanas, y de acuerdo con las tendencias actuales, el relativismo se divide en tres aspectos: el cognitivo, el moral o ético y el cultural.
El primero rechaza la existencia de la verdad absoluta, justamente por las diferencias de pensamientos y variedad de culturas que existen. El segundo, justamente por la diversidad de costumbres e ideas de las diferentes sociedades hace imposible establecer bases firmes sobre la moral y la cultura, que inciden en la formación de las personas, las que desde la antigüedad están sujetas a los usos y costumbres de las naciones que se caracterizan por su diversidad. Lo cierto es que en toda sociedad que pretende ser formal y organizada debe existir un ordenamiento jurídico, partiendo de lo que dispone la Constitución Nacional. Y debe ser respetado y solo cuestionado dentro de los límites que la ley prescribe, resguardando los inviolables principios de la legítima defensa de las personas.
Debemos entender, finalmente, que la figura del relativismo jurídico es una instancia previa a la existencia de la ley. Es importante entender que una vez que la ley ha pasado por el cedazo de la Constitución Nacional, a través del estudio de la misma por el Congreso y posterior sanción, la misma adquiere, según los principios antiguos el carácter de sagrada. Y solo puede ser cuestionada siguiendo el debido proceso. Que debe ser celosamente resguardada por los jueces mediante la aplicación de las normas y según los principios de equidad social.

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