EL RESARCIMIENTO EN EL SEGURO DE INCENDIO

 Las pólizas de seguros son con­tratos generalmente de indem­nización. Esto significa que el objeto de casi todos los contra­tos de seguros es procurar que el ase­gurado, después de una perdida, quede en la misma situación económica que ocupaba inmediatamente antes de producirse el evento asegurado, hasta donde sea posible. Se puede decir que, va contra la masa de asegurados, per­mitir que el asegurado obtuviese un beneficio al producirse el siniestro o el daño por lo que es de interés público y por ello es una actividad regulada por el estado a través de la Superintenden­cia de Seguros.

Por ello, la indemnización está ligada al interés asegurable, porque un ase­gurado no puede recuperar más de lo que represente su interés y, la indem­nización no se presta necesariamente en dinero, puesto que a veces es más conveniente para ambas partes la repo­sición, la reparación o la sustitución.

El art. 1623 del Código Civil establece, como se determina el “monto del resar­cimiento” en el caso de los seguros de incendio: a) para los edificios, por su valor a la época del siniestro, salvo cuando se convenga su reconstruc­ción; Seria el valor tasado del bien o el justo precio objetivo hasta la suma ase­gurada, y en el caso de su reconstruc­ción el valor para reconstruir uno de igual clase tanto los materiales como la mano de obra necesarios) b) para las mercaderías producida por el mismo asegurado, según el costo de fabricación; para otras mercade­rías, por el precio de adquisición. En ambos casos, tales valores no pueden ser superiores al precio de venta al tiempo del siniestro; Es de­cir no contempla los gastos de comer­cialización y las ganancias; c) para los animales, por el valor que tenían al tiempo del siniestro; para mate­rias primas, frutos cosechados y otros productos naturales, según los precios medios en el día del si­niestro; En el caso del ganado seria la cotización que los animales poseen en los mercados ganaderos, dependiendo de su calidad. Para materias primas, frutos cosechados y otros productos naturales la cotización de las mismas en los mercados nacionales así como Cámaras y Asociaciones de Producto­res; d) para el moblaje y menaje del hogar y otros objetos de uso, herra­mientas y maquinas, por su valor al tiempo del siniestro. Sin embargo, podrá convenirse que se indemnizara según su valor de reposición. En estos últimos, se debe considerar su valor de adquisición, su depreciación o desvalo­rización y la venta de lo salvado con lo cual se llegaría al justo precio.

Se presenta a su vez los riesgos equiparados al incendio como ser, la remoción de escombros, los da­ños por agua, los costos de salva­mento entre otros. Generalmente se aplican en estos casos cobertu­ras limitadas a ciertos porcentajes de la suma asegurada dependiendo de los capitales en riesgo, la zona geográfica y la mayor o menor ex­posición a las coberturas citadas.

Así, por el universo de riesgos asegura­bles en el seguro de incendio, la com­plejidad de determinados riesgos que van desde las viviendas particulares hasta los grandes riesgos industriales, es difícil detallar el monto del resarci­miento en cada situación, limitándose la norma solo a los casos mencionados en el artículo 1623. No obstante es im­portante para el asegurador la figura del perito, definido en la Ley827/96 (ar­tículos 83 al 90) como “Liquidadores de Siniestros”, debidamente registrados y autorizados por la Superintendencia de Seguros, que tienen la capacidad de detallar con mayor exactitud los importes a indemnizar en cada evento de acuerdo a la valuación de los daños, inclusive, con un criterio más objetivo, de ahí su nominación también como “ajustador” y actúan en nombre y re­presentación del asegurador y los rea­seguradores internacionales.

Por tanto, es importante que en el mo­mento de la contratación, el asegurado tenga claro la manera de proceder en el resarcimiento de un siniestro si lo hu­biera, de acuerdo al tipo de riesgo cu­bierto, y evitar así, posibles desacuer­dos en el cálculo de la indemnización definitiva.

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