Elecciones 2018: La explicación de los resultados sin conocer todas las causas (I)

POR: VÍCTOR RAÚL BENÍTEZ PRESIDENTE CLUB DE IDEAS

“Lo que viene más abajo, ofrece explicaciones sobre los resultados, pero no po­see las causas. Hoy vamos a explicar, como una especie de polímata electoral, la primera de las cinco pers­pectivas. Quizá la más im­portante. En los días subsi­guientes, se expondrán las demás determinantes.

Las “profecías auto­cumplidoras” de Robert Merton: “la construcción social de la realidad”.

Según el Premio Nobel de economía, el psicólogo Dan Khaneman: “una narrativa convincente fomenta una ilusión de inevitabilidad”. En el caso de las encuestas, al iniciarse la campaña, és­tas daban como diferencia más de treinta puntos por­centuales a favor del candi­dato ganador. Esto sugería, desde el principio, que la victoria de Marito era un hecho inevitable. Las histo­rias dan la sensación de que “uno entiende” las cosas. Sin embargo, es sólo una ilusión de la comprensión.

La mente humana no lidia bien con los “no eventos”. Paradójicamente, es más fácil construir una historia más coherente, cuando uno sabe pocas cosas. Tenemos una capacidad casi ilimita­da de ignorar nuestra pro­pia ignorancia. La mente que formula narrativas es un órgano creador de sen­tido a los acontecimientos. Delante de lo expuesto, se podría decir que los estra­tegas de la ANR manejaron las narrativas de victoria y el método del gran relato, de manera magistral.

La percepción tardía -con apenas 3,7 % de diferencia sobre el final de la pugna- de que, en realidad, muy probablemente la Alianza comenzó ganando, es par­ticularmente cruel con los tomadores de decisión: candidatos, militantes, electores, periodistas, ase­sores y financiadores de campañas.

El “efecto halo” que rodea­ba al candidato ganador es un típico ejemplo de las ilu­siones de la comprensión. El engaño de las encuestas parece obvio, pero es ape­nas una percepción tardía. Los sesgos en la interpre­tación de resultados son en parte percepción tardía, y en parte “efecto halo”: el del candidato victorioso que parecía, desde el prin­cipio, que “ya ganó”.

Al final de cuentas, la con­fianza es determinada por la “mejor historia” que uno es capaz de contar, a partir de la evidencia disponi­ble: las encuestas de Capli. Veamos cómo funcionó el esquema.

La explicación más repre­sentativa es la que se define en el siguiente axioma: “las creencias tienen conse­cuencias sin importar su verdad”. Esta perspectiva nace en 1928, cuando se formuló una sentencia que luego se conocería como el teorema de Thomas: “si los hombres definen las situaciones como reales, entonces son reales en sus consecuencias”.

Esto significa que cualquier cosa que cuente como real, en una situación dada, es el resultado de un consenso alcanzado por las partes. Estas afirmaciones en con­junto fueron absorbidas por una teoría general conocida entre las ciencias sociales como la construcción so­cial de la realidad (Berger). Fue Robert Merton quien denominó a estas asevera­ciones, como profecías au­tocumplidoras, expresando su escepticismo sobre la existencia de un mundo objetivo.

El escrutinio final del sufragio para presidente comprobó que la intención de votos publicada, cuan­do se hizo la encuesta, no era verdadera -dándose un resultado final de apenas 3,7% de diferencia. Repi­tiendo: el margen de error de los resultados de las votaciones del 22 de abril comparándolos con los de las encuestas de intención de votos, para elegir presi­dente, no se compadece ni tiene correlación sustenta­ble, con los treinta puntos porcentuales de diferencia entre un candidato y otro, publicados en las tapas de los diarios, cuando co­menzaron a realizarse las encuestas.

Las burbujas especulativas, la decepción de los adhe­rentes de un candidato antes de tiempo, la desmo­tivación de los militantes, el descreimiento de los financiadores de campaña, las corridas bancarias y otras clases de conductas políticas y económicas auto fortalecidas (retroalimen­tadas), pueden verse como ejemplos de la percepción que crea su propia realidad.

Es muy probable que hayan existido millones de razo­nes, para que el encuesta­dor Francisco Capli, haya asumido el riesgo de pro­bar estas sofisticadas teo­rías, constituyéndose las elecciones del 2018, en el último de sus trabajos que merezcan consideración y puedan ser publicados, por la contundencia de los re­sultados (tan inesperados), en el mercado electoral pa­raguayo.

Las “ciencias sociales”, en este caso las investigacio­nes de mercado electoral, están también sujetas a la ley de la oferta y la deman­da – y sobre todo, al sistema de precios; y sus resultados siempre responden a los intereses de quienes pagan por ellas.

Mañana, el mega-especu­lador financiero George Soros, prestará su marco conceptual, para interpre­tar también, las elecciones paraguayas del 22 de abril.

No se lo pierda.

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