Elecciones 2018: La explicación de los resultados, sin conocer todas las causas (V)

Por Víctor Raúl Benítez
Presidente del Club de Ideas

A continuación se presenta la quinta y última, de las cinco perspectivas, sobre el escenario pos-electoral, la victoria de la ANR y la derrota de la Alianza Ganar.

La “regresión al promedio” de Fran­cis Galton: “la sociedad conserva­dora”.

Hace unos pocos años, el glorioso Olimpia, perdió en penales, la de­finición de la Copa Libertadores de América ante el Mineiro de Belo Horizonte. Los comentarios de los analistas, expertos y empíricos, buscaron explicar las causas de la derrota. Si hacemos una analogía de este amargo trago, con otros resultados que todos tenemos a la vista, luego de estas elecciones, podríamos conocer mejor el com­portamiento humano y ser mejores analistas políticos y mejores co­mentaristas deportivos. En primer lugar, pongámonos de acuerdo: el feed-back al cual la vida nos expo­ne es verdaderamente perverso. El fútbol y la política, son procesos intuitivos de jugadas cuyo encastre exitoso tiene velocidades y dina­mismos intermitentes.

En este sentido “cualquier jugador, es estadísticamente punido cuan­do es bueno, y estadísticamente premiado, cuando es malo”. Este es un concepto estadístico desarro­llado por Francis Galton, primo de Darwin, hacia fines del siglo XIX. ¿Cómo? El deporte es como la polí­tica o como los negocios: una dosis mezclada de talento y suerte. El éxi­to es igual a un mix de talento con suerte.

El primer partido de Olimpia en Asunción fue un éxito rotundo. El juego tuvo condimentos de alto talento y mucha suerte. Ejemplo: el tiro libre de Wilson Pittoni para el 2 a 0 en Asunción. Sin embargo, el mismo jugador, Wilson Pittoni, fue el responsable de la primera gran pifiada para el primer gol del Mineiro en Belo Horizonte – que causó el descalabro del Olimpia, en el primer minuto del segundo tiempo. Cómo explicar mejor este fenómeno.

Esto es así, porque damos estimati­vas “encima del promedio” a los que jugaron “muy” bien en el primer tiempo (o primer partido). Ejemplo: Mario Abdo Benítez y Efraín Alegre. Y “debajo del promedio” a los que jugaron “mal o muy mal”, en el pri­mer tiempo o en el primer partido, o en las internas, ejemplo, el Nuevo Rumbo de Horacio Cartes. Lo que hay que saber para evitar errores de pronósticos es que “el desempeño en los segundos tiempos” o segun­dos partidos, luego de un desempe­ño alto o bajo, en el primer tiempo o primer partido, o en una interna, tenderá, estadísticamente, a buscar su promedio.

Una sociedad conservadora es el promedio característico cuando llega el momento del voto, de la nación paraguaya. Por eso la gente que va ganando, los acólitos de Ma­rito, acepta el abrazo republicano con el mismísimo Horacio Cartes. O que la selección paraguaya pierda un partido, luego de haber estado ganando durante todo el primer tiempo. La situación de winner, no es una situación cómoda para el paraguayo promedio. Prefiere la seguridad de la mediocridad. No es que el Presidente de la Repúbli­ca, haya perdido muy mal por no haber ganado la interna con su del­fín Santiago Peña. A juzgar por los resultados en las elecciones para legisladores, el Nuevo Rumbo se­guirá siendo un fuerte protagonista durante el gobierno del Sr. Abdo.

Tampoco habría que creer que la sociedad paraguaya que dio su bene­plácito a Efraín Alegre en la victoria contra Cartes y Lugo, en el tema de la enmienda, iba a apoyar decidi­damente la dupla Efraín Alegre con un outsider extremadamente pro­gresista y heterodoxo llamado Leo Rubin, como para poder convencer a optar por el cambio a una ciudadanía que buscaría volver al conservadu­rismo, apenas se le diera la oportu­nidad. El incentivo de la baja de las tarifas de electricidad, fue menor que el miedo de actitudes exagera­damente progresistas atribuibles a Rubin. Y se volvió al promedio.

Eso es lo que se llama ‘’regresión al promedio”. Si uno ve a un juga­dor jugar excepcionalmente bien como jugó Efraín en el tema de la enmienda, por encima del prome­dio de un partido tradicional, en un día determinado, la probabili­dad de que en el segundo partido el mismo retorne a su promedio, o sea catalogado como mediocre, es decir, juegue peor, es superior a que haga el mismo desempeño de victo­rioso, del día excepcional. El punto a recordar es que el cambio de ren­dimiento, del primer partido, el de la enmienda, al segundo, el de las elecciones generales, con una dupla de avanzada que traía a un nuevo jugador, Leo Rubin, no necesita una explicación causal.

Es una consecuencia matemática inevitable: la regresión al prome­dio, en una sociedad típicamente conservadora. Eso quiere decir que, sin importar el partido político al cual uno esté afiliado, sea colorado o liberal, los paraguayos tienen ar­quetipos a los cuales responden, los cuales se yuxtaponen para confor­mar el ser nacional, configurando un elector que representa a varias aspiraciones o imaginarios colec­tivos, los que, al final de cuentas, determinan sus elecciones. Dicen que gana una elección aquel que encarna el rostro de una tendencia. Y que dicha tendencia, en forma primaria, tiene que ver con motiva­ciones intrínsecas, no siempre ex­plicitadas – que tienen relación con instintos básicos: seguridad, sexo, estabilidad, aprovecharse de los de­más, riqueza, poder, entre otros.

En esta elección ganó el conserva­durismo tradicional, el promedio aspiracional paraguayo. El que tienen añoranzas del orden, de pe­ríodos de “paz y progreso”. Algunos barones de Itaipú, empresarios a los que les fue bien en esta época y ex funcionarios de la época autorita­ria, militan en estas filas. Son con­servadores. Sus electores se ven re­presentados por los fieles católicos – mayoritarios en el Paraguay, los de las iglesias evangélicas, funcio­narios públicos que quieren conser­var su estabilidad en el cargo con beneficios extraordinarios, los hi­jos de militares, policías, parientes de religiosos conservadores, terra­tenientes, industriales, ganaderos e incluso empresarios graneleros, que siendo el 25% del PIB, aportan solo 3,7% de lo que se recauda.

A pesar de que buscan el orden y el progreso, no tienen problemas de convivir con la economía informal (que alcanza al 50% del PIB). Per­dieron las elecciones las culturas representadas por los arquetipos del humanismo progresista (pro­gresistas urbanos) que se presentó atomizado, el antiimperialismo (movimientos campesinos ruptu­ristas) y el anti liberalismo modera­do (empresas que defienden el mer­cado nacional); y veremos todavía si ya le llegó al turno al productivis­mo eficientista (Club de Ejecutivos, CAP, Dende) que promete un desa­rrollo mercadológico, el de la mano invisible.

El próximo gobierno tiene la pala­bra: conservador o innovador, man­tenedor del status quo o impulsor de la movilidad social. El capitán que debe conducir el barco se lla­ma: Mario Abdo Benítez. Lo que él debe entender es que “ningún ca­marote estará seguro, si el barco se le va a pique”.

La cantidad de pobreza y desigual­dad que puede soportar una demo­cracia, con una sociedad conserva­dora, tiene límites.

También podría gustarte Más del autor